Resumen:
Carmen, instructora de fitness de veinticuatro años, descubre a su prometido con otra mujer y su hija en una traición que la deja destrozada. Llama a Ken, el amigo cercano de su hermano menor, quien siempre la ha deseado pese a sus provocaciones constantes. Entre lágrimas y consuelo, surge la pasión contenida durante años: besos intensos, caricias ardientes y un encuentro físico que los une en la cama. La relación evoluciona con más intensidad, incluso en la playa, mientras Carmen mantiene secretos. Años después, sola con un joven tutorado, Malcolm, repite el patrón de provocación y entrega total, follando sin parar hasta que su hermano regresa.
Aquí está tu Historia: Traicionada, cogí con el carnal que me provocaba
Órale, qué onda. Me llamo Ken Cardenas. Tengo dieciocho pirulos, pelo rubio, y ya traigo algo de músculo de tanto jalar en el gym. Traigo un chorro de antojo por Carmen, la hermana mayor de mi compadre de toda la vida. Quiero morderle esos labios rellenitos que se ven tan jugosos, pegarle el cuerpo al mío pa’ sentir su calor pegajoso, pero sobre todo, quiero que me grite el nombre mientras le meto verga hasta el fondo de ese cuerpazo que no le baja. Ya le eché el rollo de lo que siento, pero nomás se caga de risa y me suelta que necesita un vato de su edad, un tipo hecho y derecho. Conocí al cabrón con el que anda. Trae varo de sobra, se nota en el Corvette reluciente que maneja, pero también anda de morro en morro. Carmen jura que se va a casar con él. Ja, ni madres.
Hola, soy Carmen Adams. Ando en los veinticuatro, trabajo como instructora de fitness y modelo pa’ unos catálogos. Mido 37C-23-35, pa’ que te hagas la idea. Conozco a Ken desde hace dos años, es el carnal del mejor amigo de mi hermanito. Sé que me trae loca, y la neta yo también le echo ojo a ese cuerpo de futbolista con músculos marcados. Cada vez que viene de visita, lo provoco cañón: le restriego las chichotas contra su pecho al pasar por el pasillo angosto, siento cómo se le pone dura la verga cuando lo aprieto contra la pared. Le doy jaloncitos en la espalda baja, le manoseo el culo firme. Hasta le planto besitos en la mejilla, oliendo su colonia barata mezclada con sudor fresco. Él intenta agarrarme la cintura pa’ estamparme los labios, pero siempre me zafo con una risita. Supongo que no debiera jugarle sucio, porque ya me confesó que quiere cogerme, oír cómo gimo su nombre mientras su verga me parte en dos. Pero no me lo imagino dándome placer de verdad, ¿sabes? Necesito un vergazo de adulto que me haga ver estrellas. ¿Qué le voy a hacer? Me late ser provocadora. Y así llegamos al pedo de hoy. Me estoy alistando pa’ ver a mi vato, mi único que me calienta. Me echo uno de mis trajes más calientes, un vestido azul que se pega como segunda piel al cuerpo sudado del gym. No salía hasta dentro de una hora pa’ su casa, pero no aguanto las ganas de meterme en sus brazos, oírlo pedirme matrimonio otra vez. Ya lo habíamos checado, pero andaba tibio. Pienso que con este escote que apenas tapa las chichotas, le voy a prender el foco. Agarro un taxi, el chofer con radio a todo volumen rancheras. Sé que debí mandar un mensajito primero, es empresario con agenda llena, pero quería la sorpresa. Camino a la puerta de madera barnizada, el sol pegando en la banqueta caliente que quema las sandalias. Bajo las tiras del vestido pa’ mostrar más piel, el aire acondicionado de adentro ya se huele desde lejos. Voy a timbrar, pero la puerta está entreabierta. Me late raro. ¿Y si entraron ladrones? La empujo despacio, el corazón retumbando como tambor en el pecho. Entro a la sala con muebles de cuero fresco, todo en su lugar. Avanzo con sigilo por el pasillo alfombrado, el ventilador zumbando lejitos. Oigo ruidos del fondo, del cuarto de visitas: gruñidos graves y jadeos ahogados que erizan la piel. Me acerco, el piso de madera cruje bajo mis pies. Abro la puerta con cuidado, y ahí está mi vato, mi amante, dándole verga con todo a otra tipa y a su hija de quinceañera, los cuerpos sudados chocando con palmadas húmedas.
Pour des récits comparables en français, voir Histoiresx.
—¡Pinche hijo de la chingada! Todos empezamos a tronar, él balbucea que nomás era un negocio, que la morra necesitaba varo y por eso se la cogió a ella y a la hija, pura pendejada. Me largo encabronada, el taxi oliendo a cigarro rancio. Todos me habían advertido que era un gigoló de mierda, pero yo terca como mula. Llego a mi casa, entro al baño con azulejos fríos, lloro un buen mientras el agua caliente me quema la piel en la regadera. Me pongo pants sueltos y una playera vieja, me aviento en la cama abrazando la almohada mullida que huele a mi perfume. No tengo con quién desahogarme, mi carnal anda en el jale. Enciendo el cel, marco al único que se me ocurre. Ken llega en media hora, sudado por la calle caliente, se sienta en la cama frente a mí, el colchón hundiéndose con su peso. —Órale, no pensé que me sonaras. —Pos… quería que me dijeras te lo dije, güey. —¿De qué hablas? Le cuento todo el desmadre, las lágrimas rodando calientes por las mejillas. —Qué chinga, lo siento. —Sí, todos me avisaron, ¡pero yo bien pendeja! —Me quedo lo que quieras, ¿sale? —¿De a devis? ¿O nomás pa’ cogerme? —¿No decías que no era hombre pa’ ti? —¡Y también dije que mi ex me iba a casar! ¡Ya ves! Ken me quita las lágrimas con los dedos ásperos. —Olvídate de ese cabrón, no te llegaba ni a los talones. —¿Me das un abrazote? —Órale. Nos abrazamos fuerte, su aliento tibio me calienta el cuello, huele a chicle de menta. Me besa despacio el cuello, sube a la mejilla, gimoteo bajito. Nuestros labios se rozan. Nos clavamos los ojos. —Bésame, Carmen. Su verga se para dura cuando mis labios húmedos se pegan a los suyos, nos chupamos con hambre, gimiendo el uno contra el otro. La tiro de espaldas en la cama deshecha, le desaboto la blusa mostrando las chichotas enormes, intenta quitarme las manos. —No, para, porfa. Le agarro las muñecas, las jalo arriba de su cabeza. —¡No mames! Nos miramos fijo, el ventilador girando lento arriba. —Óyeme, me has hecho verga-tease dos años. Ahora te tengo de la cintura, y no te suelto. La beso en la boca, suelto sus manos, meto las mías en su estómago plano, subo a las chichotas, las aprieto una y otra vez mientras gime suave, el sudor fresco pegándonos.
—Ay, Carmen, tus chichotas son grandotas y chingonas. Le quito la playera por la cabeza, me echo la mía al piso con calcetas sucias. Se sonroja, cubre las chichotas con brazos. —No, porfa, ¡no debemos! —¿En serio? ¿Pa’ qué me llamaste entonces? Me quieres como yo a ti, ¿o le tienes miedo? —¡No le tengo miedo, cabrón! —Pruébalo. Enséñame esas chichotas al natural. Baja los brazos, sonrío admirando las 37C pesadas, pezones rojizos hinchándose como pidiendo chupón. Le paso besos suaves por toda la carne, chupo los pezones hasta endurecerlos, el sabor salado de su piel. Me paro, bajo las manos a su cintura, le arranco las panties. —No, Ken, ¡no nos podemos coger! —¿Por qué? ¿No soy hombre pa’ ti? Te voy a enseñar. Me quito los shorts, mi verga gruesa brinca libre, venosa y palpitante. —¡Puta madre! exclama, ojos grandes. Froto la cabeza contra sus labios carnosos, gimo cuando se la traga hasta la garganta, apretando como puño mientras mama con hambre, saliva chorreando tibia. —Ay, nena. Le bajo las panties del todo. —Date vuelta, quiero ese culo perfecto. Se pone de rodillas, la pongo en cuatro, se retuerce cuando le meto la verga gruesa al culo prieto, el calor apretado quemándome. —¡Uuuuh! Sonrío viendo nalgas redondas rebotar contra mi pubes, le doy duro hasta dejarlo rojo e hinchado, el sonido de carne chocando. Me salgo, la volteo de panzazo, abro sus piernas enchinchorradas, ojos lagrimeando al ver la panocha mojada que soñé años. Le lamo el clítoris hinchado, gime cuando me empujo despacio adentro, jugos calientes envolviéndome. Me echo encima, sus pezones duros contra mi pecho peludo. Sacude la cabeza. —No, porfa, ¡qué van a decir si nos pillan! —Que por fin la cogí. Le susurro al oído, beso labios, empiezo a entrarle profundo. Me besa, chupa labios, gime en mi oreja. —¡Sí, cógeme! ¡Lo necesito! Me pasa brazos por hombros, mueve caderas con las mías, gimiendo bajito mientras la penetro lento, la cama crujiendo bajo nosotros.
—¡Uuh! ¡Qué chido se siente, nena! Acelero, le lamo entre chichotas rebotando locas, brazos por su espalda sudada. Nos besamos mientras cogemos, el chirrido de resortes llenando el cuarto con olor a sexo. Se retuerce. —¡Ay, Ken! Le agarro nalgas firmes, meto más fuerte y rápido. —¡Cógeme duro! Seguimos toda la noche, cuerpos sudados pegados, le lamo cuello salado mientras oye mis huevos palmoteando su cintura. Gime contra mi boca mientras la reviento. —¡Ay, nena! Jadea, lame mejilla, gime una y otra vez con mi verga partiéndola. —Córrete pa’ mí. —¡No, todavía no! Clavo dedos en nalgas, embisto como animal. Siente el orgasmo subiendo. —¡Córrete! —¡Uuuuh! ¡Dios! La cama rechina mientras la reviento, lame labios, uñas en mi espalda. Chichotas rebotan contra mí, echa cabeza atrás y grita al venirse. —¡Aaaah! Piernas tiemblan con espasmos, la lleno de leche caliente palpitando adentro. Me salgo, le echo el resto en panza y chichotas, vuelvo a entrar y sigo cogiendo hasta vaciarme. —¡Uuuuh, Ken! Nos avientamos de lado, besándonos pa’ recobrar aire, piel pegajosa. Al día siguiente en la playa, la persigo por arena caliente, le arranco el bikini, gime mientras se la mama encima, chichotas aplastadas contra mi pecho, arena pegada a la piel salada. Echa cabeza atrás gritando cuando nos venimos juntos. No le dije que también me cogía a su carnal a escondidas. ¿Pa’ qué una sola verga? Pasan unos años. Ken se mete a la Marina, yo sigo con mi hermanito dándonos verga. El ex, Marco, jode pa’ volver, pero ni madres. Un día, mi carnal recibe llamada de un programa de tutores, quieren que apadrine a un morro de dieciocho problemático, Malcolm. Mi carnal se va de viaje de negocios, me promete pensarlo mientras nos despedimos con un beso profundo, lengua enredada. Me deja sola con el adolescente cachondo. Malcolm me come con los ojos cada rato, nomás quiere tenerme desnuda retorciéndome bajo él. Me tira flores, liga pesado. Sonrío. —No me cojo morros de tu edad.
—¿Por qué no? Somos nomás nosotros, te quiero y me quieres. —No le pongo el cuerno a mi vato. Necesito verga de hombre pa’ satisfacerme. —¿Y si traigo verga de hombre? —Ya, Malcolm, te dije que no. —¿Aunque tu vato sea tu carnal? —Me voy a la cama. Buenas noches. —¿Ni besito? Suspiro, le planto uno rápido en la mejilla, su piel tibia oliendo a jabón. —Ahí tienes. Me da vuelta pa’ irme, pero me agarra el codo firme, me voltea. Quedo pasmada por su descaro. —Puedes hacerlo mejor. Me jala a sus brazos, chichotas aplastadas contra su pecho duro, su verga hinchándose cuando labios se pegan y lenguas bailan calientes. Aprieta chichotas mientras nos besamos, gimo bajito, hace semanas no probaba beso así. Rompo, entro a mi cuarto dando portazo, el eco retumbando. Él va al suyo, se avienta en cama y se pela la verga pensando en mí, sabor de labios aún en la boca. Me manda foto de su verga palpitante, venosa y goteando. Mis ojos se abren grandes. Texto: “Tu turno, muéstrame”. Me saco foto mandando beso: “Buenas noches, Malcolm”. Pasan días. Hablo con mi carnal por cel, dice que el cliente no llegó, su equipo investiga, promete volver pronto. Noche, me aviento en cama, aprieto chichotas pesadas, meto dedos en clítoris mojado, gimo subiendo al clímax, jugos calientes chorreando. No oigo puerta abrirse despacio, colchón hundiéndose. Siento piernas abriéndose, Malcolm lamiéndome el clítoris con lengua experta, calor húmedo. —¡No, para! Empujo con piernas, pero clava dedos en nalgas desnudas, lengua metiéndose profundo. Me vengo gimiendo. —¡Uuuuh! Jadeo, se sube encima, verga empujando adentro, cubro chichotas instintivo. —Malcolm, no, ¡no nos podemos coger! —Ya la tengo adentro. Quita brazos, admira mi cuerpo fit, pelo castaño largo desparramado, labios carnosos, abdominales marcados. Chichotas suben y bajan con respiros agitados. Se acerca. —Terminemos ese beso. —No debemos… Mano detrás de mi cabeza. —¡Bésame! Beso lento, apasionado, saboreando labios jugosos. Gimo contra su mejilla mientras empieza a entrarme. —¡Ay, Malcolm! Agarra cintura, embiste duro profundo. Paso brazos por hombros. —¡Cógeme duro! Beso chupando labios mientras me revienta, rindiéndome total. Cama chirría con cada golpe.
—¡Ay! ¡Baja, Malcolm! Chichotas rebotan contra su pecho sudoroso. —No hasta dejarte culo y panocha adoloridos, provocadora. —¡Uuuuh! ¡Me vuelves loca, no pares! Agarro sábanas revueltas mientras verga me da duro, gimo al clímax. —¡Aaaah! Cuerpo tiembla, él sigue, piernas temblando mientras me echa leche dos veces, caliente inundando. —¡Ay, Dios, mi culo y panocha lo rogaban! Dormimos abrazados, piel pegajosa. Dos días después, bailo con música ranchera tras ejercitarme, pants sin cinturón bajando lento mostrando nalgas firmes. Malcolm saca verga, se la pela. Me volteo. —mmm, ¿tu verga pide atención? Me arrodillo, le doy mamada de su vida, lengua girando cabeza, saliva tibia. —Ay, nena, mámamela. Agarra cabeza, me la mete a la boca, gime corriéndose. Me salgo despacio, lame leche de labios. Agarra verga. —Ven. Al baño, enjabonamos mutuo bajo regadera caliente vaporosa, jabón resbaloso en chichotas. Beso pezones, bajo mano a verga. Jadeo cuando me la mete, besándonos cogiendo con agua cayendo. Horas después en cama, pasa dedos por mi pelo mientras mama chichotas. —Te chiflan mis chichotas grandes, ¿verdad? Ronroneo sexy. Cel suena, lo veo, dedo en labios. —¡Hola, nena! —Hola, te extrañé. —¿Cuándo vienes? ¡Mi panocha necesita verga! Malcolm frunce el ceño, abre piernas, mete verga de golpe, embiste duro en G-spot. Mi carnal ríe. —Mi verga extraña ese cuerpazo. Llego pronto, este cliente es fantasma, ni existe. —Qué pedo, ven… Gimo fuerte. —¿Estás? —S-sí, se me acaba pila. Aviento cel, brazos por hombros, gimo en oreja. —Tu panocha quiere atención, puta. Gruñe cogiendo profundo. Mi carnal chequea cel, ¿oyó gemido? Sabe que debe volver. Tres días follamos mañana tarde noche. Pruebas de embarazo negativas, traigo pastilla. En cama besándonos cogiendo, puerta abre despacio. Mi carnal ve desde marco cómo le lamo labios a Malcolm mientras nos revolcamos como perros. —Ay, tu verga se siente chida adentro, hazme gritar. Gime mientras cogemos. Piensa en matarlo, pero se contiene, cierra puerta, va baño, ve prueba en basura, sonríe con idea. Al día siguiente desayuno, brazos de Malcolm atrás manoseando chichotas. —¿Qué haces? —Desayuno pa’ nosotros. —Que se chingue, ven a cama, quiero cogerte. —No todo el día cogiendo. —Dije ahora. Quita panties seda negra, mete por culo. Bato pa’ apagar estufa, logro al tercero, gas silbando. Quita blusa, me agarro mostrador frío mientras revienta culo. Voltea, sienta en mostrador, retuerzo gimiendo con verga en panocha profunda. —¡Uuuuh! Piernas tiemblan, leche chorrea por muslos calientes. Besamos. Vestimos, voy café. —Oye, ¿tú pusiste el café? —Sip. Me volteo y grito al ver la taza humeante en la mesa.
Descubre todas nuestras historias de maduras en nuestra biblioteca erótica gratuita. Conoce mujeres maduras cerca de ti →