Resumen de esta Historia:
Yo era Andrés, liderando mi equipo Rooks en la base de Nueva Eden el 30 de julio de 2021, con Ophelia Jiménez y BeDe DuBois listas para su reasignación con el Suero QRS. Felipe nos juntó a todos porque al llegar a la pareja 25, algo brutal pasaría: regeneración colectiva para las 24 morras ya en mi harén, compartiendo mi orgasmo de impronta y mejoras físicas locas. Sentí el sudor frío pegado a la camisa bajo el aire glacial del pasillo mientras Sara me besaba la mejilla con aliento a chicle de menta, y Emily olfateaba el desmadre inminente. El conflicto me carcomía: ¿arriesgar vulnerabilidad total con científicos como Jordana y Carlota midiendo cada pulso, cada cambio en ojos, mandíbula y fuerza? Confiaba en Lexi, Fiona y las demás, pero la incertidumbre de nanobots evolucionando solitos me tenía al borde, planeando un fin de semana encerrados en la mansión con veinte extraños observando.
Aquí está tu Historia: La tensión de la regeneración colectiva
El 30 de julio de 2021, ya habían jalado un par de semanas pa’ cuadrar todo el trámite y checar que las solicitudes de Ophelia Jiménez y Belladona —o BeDe, como Andrés ya le decía en la cabeza— DuBois estuvieran al tiro antes de que le avisaran que lo esperaban en la base de Nueva Eden ese viernes a las dos de la tarde. Nadie había hallado modo de borrar los efectos secundarios del suero que ahora llamaban oficial QRS, o Suero de Reasignación Quaranteam, aunque la banda todavía lo pelaba como “el Viraje”. Por eso, cada reasignación iba con un observador protector en el sitio. Nada nuevo ahí. Lo que sí pegó raro fue que a Andrés le dijeran que todo su equipo estuviera en la casa y marcado como “ocupado” el 31 de julio, y que ahí les soltarían más data al llegar. La nota recalaba que Felipe andaría en persona, y que había un chorro de temas extra pa’ platicar, así que mejor se prepararan pa’ perder el fin de semana entero. Andrés se la pasó los días previos asegurándose de que todas tuvieran agenda libre, tal como mandaba el memo que les tiraron sobre agregar a Ophelia y BeDe. Emily acababa de rematar el rodaje de Curiosos de Ojos —faltaban unas tomas sueltas en agosto—, Piedra de Neón ya había cerrado las suyas hace rato, y Maya terminó la filmación gorda de Alianzas Fatales la semana pasada, así que andaba bien contenta con ese “fin de semana forzado de descanso” donde no la dejarían ni en bola. Sara y Lorena fueron las únicas que batallaron reacomodando, pero las dos pelaron que era parte del paquete que firmaron. Fiona entregó el borrador inicial de su libro nuevo sobre la bronca del DuoHalo, Adiós XY: El Primer Año Después de la Decimación de Hombres, y su editorial ya estaba en las nubes. Hanna y Aisha tenían más de un mes antes de que arrancaran clases, así que lo que fuera que pidieran pa’ tenerlas a todas “ocupadas” unos días caía como anillo al dedo. Un mes después, puro desmadre.
Andrés también cenó con Ophelia y BeDe en esas semanas de por medio, y se quedó pasmado de que las dos hubieran aguantado tanto tiempo al lado de Víctor. Ambas eran morras de lengua suelta y bien leídas, y aunque se llevaban chido entre ellas, pegaban bien diferentes: Feels era la más pausada al hablar y la que calculaba todo, mientras BeDe tenía una personalidad que amenazaba con opacar su cara de modelo. Hablaba sin filtro y pedía perdón después, era escandalosa, chusca y parecía criada pa’ ser el centro de la fiesta. Llevó a Fi, Pipa, Sara y Emily a la cena pa’ que las nuevas conocieran el corazón del equipo antes, y Sara con BeDe se armaron carnalas de volada: las dos jalaban miradas con su carisma, tenían carcajadas que se pegaban igualitas y un humor que casaba perfecto. Cuando BeDe bromeó sobre qué onda ponerse pa’ su reasignación, Sara le aventó en joda que la morena trajera las botas de piel más altas que tuviera, y BeDe sonrió con cara de gato que se comió al canario. Antes de que cayera el primer plato —el olor a carne asada con cebolla chamuscada llenando el aire caliente del restaurante—, Andrés ya sabía que las dos iban a cuajar cabrón en el equipo Rooks. Llegaron a la base en dos coches: uno con él, Lexi y Sara; el otro con Nico, Pipa y Emily. Sabían que tocaría llevar a Ophelia y BeDe de regreso a la mansión, así que dejaron el espacio al máximo. Andrés captó rápido por qué insistían en dos varos: siempre existía el riesgo de que él cayera en regeneración, y por eso no le meterían el QRS a BeDe hasta confirmar que estuviera bien despierto y listo pa’ entrarle de una. Además, la rapidez del QRS no perdonaba.
Mejoraron un poco el QRS en los últimos meses, pero esa inmediatez de la jeringa —y la vulnerabilidad que deja entre la inyección y la nueva impronta— parecía cosa que nunca iban a domar. Andrés olió desde el arranque que lloverían solicitudes de reasignación, pero los números se quedaron bajos, cosa que él achacaba a que era oferta de una sola vez, a que Oráculo hizo su chamba de lujo y al Efecto Daniels, que tenía a casi todo el planeta con Síndrome de Estocolmo en su propia vida. La mayoría de los hospitales se armaron pa’ un desmadre que nunca pintó. De hecho, la cifra actual andaba por debajo de 50 mil usos del QRS desde que lo sacaron, bueno y malo a la vez. Significaba que todos andaban estables y contentos lo suficiente pa’ no jalar boleto pa’ otra opción. Andrés ya se sentía demasiado en su casa en la base, porque hasta le dieron oficina propia, aunque nomás caía una o dos veces por semana pa’ supervisar. Siempre lo pelaban de volada, él y Lexi traían sus gafetes, y Felipe bromeaba con que le iban a dar cajón de estacionamiento marcado. No le extrañó que Felipe lo quisiera ver primero. Felipe ya había llegado a las veinticinco parejas en junio y todavía no soltaba el informe, en parte por el muestreo chico, pero también porque parecía estarle dando a docenas de proyectos al mismo tiempo. El calor del asfalto de la banqueta quemaba las suelas de las chanclas mientras entraban al edificio, con el zumbido del ventilador industrial arriba rompiendo el silencio pegajoso.
—Te ves nervioso, carnal —le dijo Sara mientras cruzaban la puerta—. Es puro día normal en la vida del equipo Rooks. Tú le entras.
Se agachó y le plantó un beso en la mejilla, su aliento fresco con sabor a chicle de menta.
—No suelen mandarte fin de semana libre por una reasignación de pareja, Sares —repuso Emily—. Esta trae algo bien chueco.
—Es el pinche Nivel Veinticinco del que todos cuchichean —se burló Fiona, con risa filosa—. Como si se uniera al club de los que salen cinco veces en SNL, con el pedo que arman.
—Es un chorro de pedo —dijo Felipe, acercándose con Linda, Violeta, Carlota y Jordana atrás. Andrés notó al tiro que dos de las tres parejas “de chamba” de Felipe venían con él.
Jordana Price era del equipo de investigación del Reino Unido, pero ella y Felipe se clavaron de una en las videollamadas, tanto que anduvo de las primeras en jalársela con el QRS después de que Eva McAllister lo trajera a Estados Unidos. Dejó el Reino Unido en diciembre del 2020 pa’ venirse a chambear con Felipe en la investigación principal de Quaranteam. Era una chava brillante en entradas y salidas de IA de Liverpool, y una de las pocas en el planeta que podía echar plática larga sobre el suero con Felipe sin pedir dos minutos de cada cinco pa’ ponerse al día. Era rara y brutalmente directa, pero los Rooks pensaban que era un agregado chingón al equipo de Felipe.
—¿Tienes idea de lo chico que es este club?
—¿Qué, cincuenta? ¿Cien? —preguntó Andrés a su compa de tantos años.
—Vas a ser el número 37 registrado —dijo Carlota.
—¿¡Treinta y siete!? ¿¡En fila!? —soltó Sara, con los ojos como platos.
La mayoría se rió, aunque Em se quedó con cara de “qué pedo” hasta que Sara le explicó que era referencia de peli y se la ponía después. El eco de las risas rebotaba en los pasillos fríos de concreto, con olor a desinfectante barato flotando pesado.
—No es pa’ tanto —coincidió Andrés.
—No lo es, y de la mayoría no pudimos sacar estudios buenos, así que, ¡sorpresa!, te ofrecí como conejillo de Indias —dijo Felipe—. Tranquilo, carnal —agregó Jordana.
Era una morrita chiquita con melena rubia larga y piel casi transparente, pero se negaba a vestir como científica; parecía mezclas de maestra de kínder con raver de los noventa: colores chillones y ropa que dejaba ver de más. Hasta traía un tatuaje de Banksy en el antebrazo, que siempre había sido un no-no pa’ Felipe antes. Se clavaron tanto que eso ya no pintaba. La textura áspera del concreto bajo sus pies vibraba con cada paso mientras seguían al grupo.
—Tú tienes la fácil: cógetelas, duerme, despierta. Simple. Nosotras cargamos lo pesado.
—Siento clarito que me estás escondiendo data, Felipe —gruñó Andrés—. ¿Me sueltas al menos los puntos clave?
—Planeaba contártelo con todo tu equipo en tu casa esta noche —dijo Felipe con sonrisa pendeja—. Pero qué chingados, mereces los highlights sospechosos pa’ que entiendas por qué va a parecer un montón de gente viéndote pelar a tu pareja veinticinco.
—¿¡Esperen, viéndome!? No me apuntó pa’ eso, Felipe.
—Pues sí lo hiciste. Está en el papeleo que firmaste antes. Debes haber pensado que era el rollo estándar de adquisición. Pero vas a querer que estemos ahí de todos modos, créeme, por un chorro de razones.
—Felipe, suelta la sopa.
—Todas van a regenerar —dijo Jordana—. Todo el equipo. Al menos eso esperamos si no joden el patrón.
—¿Cómo chingados? —preguntó Andrés, sintiendo que un par de sus morras se le pegaban más, poniéndole las manos pa’ reconfortarse con el roce cálido de sus palmas sudorosas—. ¿El señal?
—Esa es nuestra teoría —dijo Carlota con suspiro bajito—. También van a compartir tu orgasmo cuando improntes a la veinticinco. Es parte de la conectividad aumentada que ya tiene tu equipo y que va a subir más.
—Hemos platicado de los efectos de escalar el equipo antes, Andrés —dijo Felipe—. Bueno, después de lo que nos pasó al llegar a veinticinco el mes pasado, queremos capturar todo en instrumentos y estudios antes de que lo vivas. Pero sí, cuando vengas y arranques la impronta de la pareja 25, ese orgasmo va a retumbar en todas tus morras.
—Probablemente —agregó Jordana—. Tenemos teorías sobre distancia de transmisión que queremos probar con algunas de tus parejas, así que te usamos pa’ eso —dijo Felipe—. La distancia puede ser factor, y si una está fuera de rango, podría activarse de volada al entrar en rango.
—¿Qué tan lejos es “rango” aquí? —preguntó Andrés.
—Calculamos como medio kilo —dijo Jordana—. Pero nadie le ha dado prueba exhaustiva. Por eso es todo este pedo.
Andrés miró a Fiona, que sonrió rodando los ojos con picardía.
—Es como un poco más de un cuarto de milla —le explicó ella, más quick pa’ las conversiones mentales que él.
—No es mucho —dijo Andrés—. ¿Es intencional?
Felipe soltó carcajada mientras Jordana y Carlota sonreían con misterio.
—¿Diseño? Hablas como si hubiéramos planeado esto, Andrés —dijo Felipe—. Nada de esto está cerca de nuestras specs. Nadie planeó un carajo. Todo son los sistemas evolucionando solos, con su propio diseño y chingaderas. Todo pasa, Andrés, y nosotros nomás nos agarramos de las orillas. Al menos una hora al día me rompo la cabeza pensando en qué van a hacer los nanobots después. El sudor frío de la espalda de Andrés se pegaba a la camisa bajo el aire acondicionado glacial del pasillo.
—Fan-tás-ti-co —rió Andrés, meneando la cabeza—. ¿Qué más?
—Las regeneraciones probablemente no duren más de un día, y serán menores en general. Por eso queremos entrevistas, medidas y revisiones físicas completas antes, pa’ ver qué cambia, si algo.
—Tienen sospechas.
—Más que sospechas. Puntos de partida. Ojos y oídos van a repararse en algún nivel. Todos los que han llegado a 25 salen con visión 20/18 y oído de primera. Sé que tu tinnitus ya se fue, pero, por ejemplo, Moira aún lo trae, y apuesto que se le quita cuando despierte. Cualquier lunar, verruga, mancha de piel o parches iniciales de cáncer de piel se caen. Y no puedo creer que diga esto… tu mandíbula va a engrosarse un poco, por razones que no entendemos del todo.
—Es una colección rara de chingaderas, Felipe.
—Aún no termino —rió Felipe—. Apenas llegamos a las más locas. Tú y el resto de tu familia serán más resistentes a quemaduras solares, sanarán más rápido y… sí, otra rara: el cabello crecerá más rápido. Igual pa’ todos los miembros de tu familia. Tendrán que rasurarse más seguido.
—¿Mucho más o puro poquito?
—Notablemente, pero no insoportable. La mayoría medimos el crecimiento del cabello 50% más rápido que antes —dijo Carlota—. Por suerte, nos recuperamos al tiro de cortes de navaja, así que la mayoría nos hemos vuelto más rápidas en el aseo propio.
—¿Algo más? —preguntó Emily.
—¿Alguien en la familia es daltónico total o parcial? —dijo Jordana.
—No que yo sepa, a menos que me lo oculten —dijo Andrés.
—Pues se arregla —dijo Felipe—. Cualquiera con tornillos, placas u otros fierros óseos con componentes añadidos vuelve a estado natural.
—Regeneración avanzada. Entendido. ¿Qué más?
—Los de rayas de habilidad guerrera van a recibir… mejoras más significativas —dijo Linda—. Se aplicará al núcleo del equipo también, pero en menor volumen.
—¿Qué clase de mejoras?
—Más rápidas, fuertes, precisas —dijo Violeta—. Somos como super soldados ahora.
—Podría patearle el culo al Capitán América a estas alturas —dijo Linda con sonrisa de oreja a oreja—. Probé lo del escudo un rato, pero la trayectoria y deflexión es mucho. Pero he hecho cosas increíbles con bolas de billar. Y palos de escrima. Y monedas de veinticinco. Y tapas de botella. Y…
—Ya captan la idea, mi amor —dijo Felipe—. Por impresionante que sea tu lista de cosas que lanzas y rebotas en paredes. El sonido metálico de las monedas rebotando en el aire imaginario aún resonaba en sus palabras.
—¿Solo guerreros? —preguntó Pipa—. ¿No va a afectar a todo el equipo a ese nivel? No quiero que esto cambie mi cuerpo hasta descalificarme de las Olimpiadas, y apuesto que Lorena no quiere que la saquen de los 49ers tampoco.
—Solo protectores y principal —dijo Felipe—. Nada te saca de las Olimpiadas, a menos que hayas estado de guardaespaldas suya de noche.
—He tomado clases de tiro con Mel y Nico, pero no, no soy guardaespaldas —dijo Pipa—. Solo no quiero descalificación por mods que me den ventaja injusta.
—Estarás chido, love —dijo Jordana—. No vas a mejorar más que nadie que haya pasado por una regen. A menos que el bicho piense que eres de seguridad o algo.
—Soy su esposa —dijo Pipa orgullosa—. Bueno, una de ellas.
—También soy su esposa —dijo Nico con sonrisa—, y yo sí estoy emocionada por convertirme en Hawkeye.
—Sí, bueno, si no calificas como guerrera, Neeks, no sé quién —dijo Pipa.
—¿Yo también? —preguntó Andrés.
—Oye, no al mismo nivel —rió Felipe—. Solo me hizo más rápido pa’ buscar cobertura. Y ya no se me caen cosas. No hago nada que ponga al equipo en riesgo solo por ser héroe.
—Seguimos recordándole a Andrés que el heroísmo podría matar a todo el equipo —dijo Nico, meneando la cabeza.
—No he hecho nada heroico estúpido en meses —frunció el ceño Andrés—. Aprendí la lección. Se lo prometí a todas.
—¿Cuándo asaltaron la mansión?
—Fue hace meses, y las cámaras mostraron clarito que todos fueron sometidos —se defendió Andrés—. Y acordé no volver a hacer algo así, como recordarán.
—No debiste hacerlo en primer lugar, jefe —gruñó Lexi.
—Solo soy humano, Lexi.
—Sí, por ahora —rió Jordana—. Mate, por eso quiero estudiarlo: esta mejora cambiará más de lo que sabemos. Habrá un montón de datos yendo y viniendo, y quiero capturar la señal. Ver si nos cuelo pa’ descifrar su idioma. La textura pegajosa del gafete de acceso rozando sus dedos mientras lo mostraba al guardia.
—También serán el primer equipo haciendo esto con miembros de otro equipo 25+ cerca, así que estudiaremos si y cómo afecta —dijo Felipe—. Sospecho que sí.
—¿Qué más?
—¿No es suficiente? Una regeneración simultánea de 25 personas, ¿y preguntas “dónde está la carne”? ¿En serio?
—Felipe, ¿cuánto nos conocemos?
—¿Veinte años?
—Te dejo guardar secretos mucho, ¿verdad? Pues aquí quiero saber qué más vigilar.
Felipe miró fijo a Andrés y suspiró hondo.
—Honestamente, Andrés, ojalá supiera más. Por eso estudiamos todo esto, pa’ aprender qué pasa.
—Si descifro cómo se hablan esos cabrones —dijo Jordana—, sería el mayor avance desde que empezó todo. Podríamos retomar control. Programarlos pa’ hacer lo que querríamos en vez de correr salvajes en nuestra sangre. O al menos darles prioridades, mantenerlos enfocados.
—¿Aún crees que desarrollaron un idioma? —preguntó Andrés.
—Mate, ahora más que nunca. Es jodidamente difícil saber qué dicen. No solo encriptado, usan un idioma que ningún humano ha hablado. Pero con datos crudos suficientes, tal vez le dé una buena.
—Más bien un buen montón de datos —suspiró Felipe—. Vamos tan atrasados en esto. Debió ser prioridad desde hace rato. No fue hasta que Jordana llegó en diciembre y señaló que los bots tenían protocolo de comunicaciones. Ella lidera el proyecto desde entonces. El zumbido bajo de los servidores en la distancia vibraba como un enjambre lejano.
—Ah, así que es la chamba top secret que hacías aquí, Jordana —dijo Andrés con risita.
Le caía bien Jordana desde que llegó días antes de la fiesta de Navidad, pese a que no podía decirle qué pelaba en Nueva Eden, lo que divertía a Felipe y le ardía un poco a Andrés, considerando su acceso casi total al proyecto Quaranteam. Felipe decía que Andrés sería el primero en saber cuando Jordana tuviera algo concreto. Andrés la veía en eventos sociales y visitas a la base, y cada vez ella lo provocaba con su acento liverpooliano, diciendo que sabría cuando estuviera lista.
—¿Cuánta gente va a estar en nuestra casa pa’ esto, Felipe? —preguntó Emily.
—Traemos como veinte o treinta, pero Linda liderará tu seguridad, y Violeta cuidará específicamente a los niños —dijo Felipe—. Todos están aprobados por mí y son de confianza. Solo hay una en la lista que quizás duden, y si es así, díganme y me encargo de que no vaya. Todo el desmadre empezaba a cuajar alrededor de la oficina propia de Andrés en la base.
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