Resumen:
Después de salir de la ferretería, un joven de veintitrés años que vive con su madre en una casa de clase media regresa a casa tras una noche con su amigo Jackson. Más tarde, Marla, una mujer mayor que lo invita a salir, le presenta a su familia y lo lleva a su departamento, donde inicia una relación íntima. Un mes después, las madres de ambos organizan una reunión en una casa de campo y planean una boda. En una noche en la que Marla y Jackson se encuentran en un bar, los tres regresan juntos al departamento de Marla, donde pasan una velada juntos.
Aquí está tu Historia: Me cogí a la mamá de mi novia y a su amigo en el mismo día
Salí de la ferretería con el olor a metal caliente pegado en las manos y el ventilador del techo todavía zumbando en mi cabeza. Doce años tenía cuando mamá me llevó al registro civil y firmamos los papeles; el acta nueva llegó con esa letra (B) en el renglón del género. Luego vinieron las inyecciones en la clínica, nanodoctores que me dejaron rubia, ojos azules y un cuerpo que voltea cabezas en la banqueta. Ahora tengo veintitrés, mido uno cincuenta, peso sesenta y cinco kilos y medio, y sigo viviendo con ella en la misma casa de clase media donde el aire siempre huele a comida recalentada. Trabajo vendiendo clavos y pintura, pero mi mamá no sabe nada de Jackson. Le molesta que ande con hombres porque sueña con una nuera que le dé nietos; en realidad Jackson y yo solo somos amigos que se juntan a ver el partido y terminan cogiendo cuando la apuesta lo pide.
Después del partido que perdió mi equipo, me arrodillé en el sillón de su departamento y le chupé la verga hasta que se corrió porque una apuesta es una apuesta. Nos quedamos terminando las cervezas frías que olían a levadura y lúpulo mientras el ventilador movía el aire pesado del cuarto. —¿Cómo es ella? —preguntó Jackson con la voz ronca. Le conté que Marla hablaba suave, que era dulce y que venía seguido a la tienda a coquetear. Él quiso detalles: cara bonita, cabello castaño hasta los hombros, ojos verdes, un poco más alta que él. Esa noche mi mamá me subió el cierre del vestido verde azulado de manga larga; el cinturón ancho con hebilla plateada me marcaba la cintura y las botas de tacón de seis centímetros apretaban los pies. Sombras azules, labios y uñas del mismo tono. Cuando Marla llegó con su abrigo de zorro rojo y el jumpsuit color vino, su perfume a canela y cuero llenó la sala. Me preguntó si íbamos al Alexis, el club fino de la orilla del distrito financiero, y acepté sin pensarlo dos veces.
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Después de varias citas me llevó a su departamento de tres recámaras con muebles de buen gusto y luces bajas. Nos sentamos en el sofá con los tragos en la mano y ella fue directo: —¿Eres virgen? Me sonrojé, le dije que no, pero que nunca había estado con una mujer. Marla rio, tenía treinta y dos y su mano ya subía por mi muslo debajo de la minifalda. Cuando apartó la tanga y acarició mi miembro, jadeé contra su boca. Me quité la falda, ella se subió el vestido hasta la cintura y por primera vez metí mi verga en una panocha caliente y húmeda que olía a jabón de rosas. Me corrí rápido, ella me abrazó y me dijo que la primera vez siempre es así, que pronto iba a durar más. Después me llevó a casa en el carro y me besó la frente mientras el motor zumbaba.
Un mes después las madres organizaron todo en la casa grande de campo. La señora Cora, madre biológica de Marla, y la señora Donna, más baja y curvilínea, nos trataron con cariño. Mientras ellas decidían la boda, Marla, su papá y yo solo mirábamos desde la terraza donde el viento movía las cortinas de lino. Le conté a Jackson que me casaba; él intentó subir el dobladillo de mi falda tableada azul a cuadros y le di un manotazo juguetón. Quedamos en vernos en el Queen Beth’s Bar and Grill ese viernes. Marla me pidió que me pusiera el vestido mini color vino y los zapatos rojos de tacón abierto; ella llegó con un vestido rojo de satén y escote profundo. Cuando Jackson apareció en la barra con chamarra tostada y suéter amarillo pastel, Marla lo saludó con dos besos en las mejillas y el abrigo de zorro rojo se deslizó de sus hombros dejando el aroma a perfume caro.
Subimos los tres al carro y Marla dijo “Perra, a casa” mientras acariciaba mi nalga. Pedí la botella de champaña y tres copas; cuando volví a la sala ellos ya se besaban en el sofá largo de piel suave. Jackson estaba casi desnudo entre nosotras cuando Marla me ordenó que le chupara la verga a nuestro invitado. Me incliné, besé y lamí esa verga dura que sabía a sal y jabón, tragando despacio mientras el aire del cuarto olía a cuero y alcohol. Luego ella se acostó sobre su cara y Jackson le comió el coño con la lengua húmeda mientras yo me sentaba encima de él y rebotaba con ganas. Me toqué el clítoris con los dedos mientras rebotaba, las cortinas abiertas dejaban ver las luces de la calle y el sudor nos pegaba la piel. Ya casi era la una de la mañana cuando Marla manejaba de regreso y el mini vestido color vino seguía arrugado sobre mis muslos.