💋 Ver perfiles

Historia de sexo : Anoche en el cine mi Master me metió el dedo

0
(0)

Resumen de esta Historia:

Anoche arrastré mi culo al cine con Master Svend, aunque el sueño me jalaba fuerte. Elegimos El laberinto del fauno, esa peli española brutal que me voló la cabeza con su violencia cruda y oscuridad sin pendejadas de Hollywood. El aire apestaba a palomitas rancias y sudor de la raza apiñada. Me abrazó todo el rato, tiesa como tabla al principio, nerviosa por soltarme. A la mitad, relajada en la trama, metió el dedo suave pero doloroso, clavándolo adentro mientras sus ojos fijos en la pantalla grande. Corazón a reventar, mantra de “tranquila, está chido” en loop. Batallé por flojear el cuerpo, sabiendo que era el primer pasito de regreso al hoyo que tanto pelaba. Él firme sosteniéndome, yo brazos en su cuello grueso como toro. Detrás, depresión posparto me quitó a Kai, alivio mezclado con mierda interna. Master cuida al morro con mimos, Elaine parió a Zoran, ilegítimo de piel trigueña. Frej ausente en Navidad Eriksen, su intento pedo de cogida terminó en agradecida.

Aquí está tu Historia: Anoche en el cine mi Master me metió el dedo

Anoche terminé yendo al cine con él, aunque no traía ni ganas. Salió chida la peli española, El laberinto del fauno. Me voló la cabeza. Ya me estoy aficionando a esas cintas de fuera, güey. La violencia sale brutal pero bien armada, y esa oscuridad de la gente y la naturaleza se pinta cruda, sin las pendejadas falsas de Hollywood. El aire del cine olía a palomitas rancias y sudor de la raza apiñada. Todo el rato me tuvo abrazada. Yo iba tiesa como tabla, nerviosa, forzándome a soltarme. A la mitad, cuando por fin me relajé y me metí en la trama, el cabrón hizo su jalada. Me quedé helada, con el corazón a reventar y la cabeza mareada por el pánico. Tranquila, tranquila, está chido, me repetía como loro. Mejor eso que un no seco, así que me clavé en el mantra. Su dedo metiéndose fue suave al principio, pero dolió un chorro. El desmadre en mi mente era peor, un remolino de miedo que me ahogaba. Lo dejó clavado adentro, sin soltar palabra. Sus ojos fijos en la pantalla grande. Batallé por dejar el cuerpo flojo; nomás eran dedos, no pasaba nada grave. Pero sabía que era el primer pasito de regreso al hoyo que tanto pelaba. Nos quedamos un buen rato así, él con su nalga firme sosteniéndome. Yo con los brazos alrededor de su cuello grueso como de toro, dedos entrelazados para no empujarlo. No le iba a gustar, y yo sabía que ni de chiste. De todos modos, la peli estaba buena, con el sonido de las balas retumbando en los bocinas.

Me cacharon con depresión posparto bien cabrona, y ya me quitaron a Kai. No es que yo lo cuidara mucho, la neta. Parte de mí se siente hecha mierda, pero otra parte exhala alivio puro. Ni pa’ mí misma sirvo ahorita, mucho menos pa’ la criatura que parí. El ventilador del cuarto zumbaba bajito, moviendo el aire caliente y pegajoso de la noche. Master te quiere a morir, mientras yo te paso de noche. Te trae juguetes, te llena de mimos y busca cualquier pretexto pa’ regresar temprano del jale y cargarte. Elaine también te ama, pero ya se distrae porque su barriga está a punto de reventar. Master anda muerto de cansancio; por que lo trago, trae ojeras prietas, pero se ve contento el güey. Sus jefes, los papás, están en las nubes; por fin tienen al heredero que tanto pelaban. La mayoría de los días me quedo clavada frente a la compu, intentando garabatear o dibujar. Salen chingaderas lentas, imágenes oscuras y retorcidas, unas hasta pecaminosas. Te quiero, pinche. Te extraño un chorro. Una eternidad sin ti suena imposible, con el olor a café quemado flotando en la cocina.

Cette histoire existe aussi en portugais : le site Contosx.

Master Svend se puso bien entusiasta con la llegada de su segundo vato, pero de esa forma cortés que tiene. Lo cargaba en sus manotas, berreando el morrillo, menos titubeante que con mi Freya. Ya se está volviendo padre chingón. El calor del hospital pegaba en las paredes blancas, y el llanto del bebé cortaba el aire como navaja. Deberían ser pendejadas superficiales las apariencias; pero veía clarito que este morrito de ojos cafés y piel trigueña no era el hijo que de veras quería. La sangre árabe de Elaine no se jodió tan fácil en la mezcla. Qué bueno que la pobre estaba reventada de cansancio pa’ cachar esas mamadas, y que Master es indescifrable pa’ la mayoría. Traía esa cara de agotado mundano, con el cuidado guardado, al lado de la cama de ella. Ilegítimo o no, Elaine, como yo, no tuvo voto en el nombre. Él, predecible, le puso Zoran, que quiere decir amanecer. Le caía bien, porque nació con las primeras luces, y sí estuvo ahí en todo el parto, pero ese mismo día se fue a la . No sé cómo chingados aguanta esas horas y sigue jalando como si nada.

La Navidad en casa de los Eriksen salió diferente este año, con él ausente. Ahogada en silencio, sin los pleitos de siempre, aunque la tensión flotaba porque al señor Eriksen todavía le costaba tragar a Elaine. Las luces parpadeaban en el árbol, los regalos apilados eran igual de babosos; pero no era lo mismo sin Frej. Su silla vacía en la mesa. Me pregunté si fue a propósito o puro desmadre. Hubiera dado lo que fuera por verlo ahí sentado. Con veneno y todo, o al menos saber que lo habían corrido. Él se fue solo a la fiesta de Año Nuevo de la oficina. Yo debía ir, pero traía un pedo de enfermedad, y Elaine con los bebés encima. Se largó temprano, trajeado de tuxedo negro impecable, y yo batallé por no dormirme pa’ recibir el año. No pude. Me metí en la cama, envuelta en la cobija gruesa, y me apagaron las luces. El piso de madera crujía bajo sus pasos cuando regresó. Labios pegados a los míos, tufo a alcohol y sudor, medio dormida, una cogida que pintaba deliciosa, puro abandono. Pero no jalo. ¿Dónde estaba? Pánico puro. Él en mi cama, lengua metida en mi boca, manos en mi piel desnuda. Me puse tiesa debajo. ¿Y si ahora sí intentaba? Miedo cabrón, sabiendo que traía unas copas de más, ya rendida porque puede tomarme cuando se le antoje. Suelto un no suavecito, que no va a respetar, al contrario, lo va a prender más. Me soba el cuello y muerde fuerte, lo suficiente pa’ sacarme un quejido rendido. Estoy partida entre ganas y cague, y él, pedo pero hábil, me desarma las defensas una por una. Cierro los ojos, le echo los brazos a su espalda ancha, mientras sigue chupando y calentando. Me rindo; es parte del trato. Tengo que ceder. No lo puedo alargar siempre. Jadeo y suspiro bajo su peso. Siento su verga dura contra mi muslo. Me preparo pa’l dolor. Me congelo en anticipación. —No —ronca su voz, llena de pasión contenida. Sus manos a los lados de mi cabeza. Me empuja bajo las sábanas. Mis labios tocan su verga tiesa en vez de eso. Me dieron un respiro, y le estoy eternamente agradecida. No me late el oral, fue la obsesión de mi ex Master, que me cagó la percepción pa’ siempre. La necesidad de Frej de mamadas lo opacaba todo, a ratos parecía que nomás eso hacíamos. Pero esta vez le meto todo el alma, agradecida por la escapada. El sabor salado de su piel me llena la boca, con el calor de su cuerpo presionando. Él tiene más control que su carnal menor, y después de un rato, nomás me abrazó y dormimos. A veces me pregunto si le cuesta un chorro a un vato reprimir la verga así. Sospecho que sí, con el olor a su colonia barata pegado en las sábanas.

Anoche, aunque la cama me jalaba con fuerza desde horas, me animé a ir al baño con Master. Fue un remojo largo y lujoso; me tuvo abrazada, sobándome, pero no pasó de ahí. Se veía relajado, contento, con los ojos brillando en la luz tenue de las velas. Yo traía un sueño de la chingada, el agua tibia me adormecía más, pero pelee pa’ estirar el momento. Él se echaba un vino tinto, su vicio pa’ bajonear después del jale, con el vapor subiendo y empañando los azulejos fríos. Parte de mí quería pagarle la paciencia de estos meses, pero otra nomás buscaba huir al consuelo. —¿Crees que si mi cabeza estuviera chida, seguiría siendo yo? —Se me escapó la pregunta, y sus labios, que suelen andar serios, se curvaron en una sonrisa ante mi carnita verbal. —Pienso… —Hizo pausa larga, ojos sonrientes clavados en mí, y dio un trago lento a su vaso casi seco—. Pienso que tu cabeza te hace tú. Si no fueras como te armaron, no hubieras ido tras mi hermano, Lidia. Me quedé muda con eso. Nunca sentí que busqué a Frej; él me cazó a mí. Pero con culpa, sabía que una vez que cruzó la raya, me convencí fácil de querer más. Master Svend tenía razón; todos los que buscan la realidad cruda y el anonimato de la esclavitud traen un desmadre en la mente. Pero mi rollo mental no es maldición, es bendición. Me da el toque único pa’ mi escritura y mis dibujos. El único regalo que me saca del montón. —Adoro las cosas rotas, soltó con malicia. Me jaló pa’ él y me clavó un beso rudo, su barba de tres días rascándome la cara como lija. Me tensé en su agarre, pero aparte del beso cabrón, no había de qué pelar. —No cambies, mi ángel, me susurró al oído. La vela parpadeaba en el borde de la tina, derritiendo cera sobre el mármol.

¿Califica este Cuento?

¡Califica este Cuento!

Calificación media 0 / 5. Tus resultados: 0

¡Sé el primero en calificar este Cuento!

Y mientras lees…

¿Te imaginas vivirlo de verdad?

Perfiles adultos activos cerca de ti, abiertos para encuentros discretos. Registro gratis, solo mayores 18+.

Ver perfiles gratis →
🔴 Modelos en vivo ahora. ¿Quieres pasar de la fantasía a la realidad?
Entrar al live gratis →
Lee también en: Français — HistoiresX · English — StoriesX · Português — ContosX