Resumen:
Castle investiga la desaparición de un clutch con diamantes falsos mientras la actriz Sofía del Córdova le cuenta sobre el asesinato de su socia Anahita. Beckett llega a la oficina para hablar del caso y, entre el calor y la tensión, la conversación deriva en un encuentro íntimo. La llegada inesperada de Sofía transforma la situación en una escena de tres personas que exploran sus deseos sin restricciones. Más tarde, Castle localiza el clutch y descubre que Sofía estaba involucrada en el robo de una memoria USB. Tras aclarar los hechos, la actriz queda libre y decide retomar su relación profesional con el detective.
Aquí está tu Historia: Me follé a la actriz en la oficina del detective
Castle consiguió el encargo de localizar un clutch con diamantes falsos que había desaparecido. Sofía del Córdova entró a su oficina sudando por el calor de la banqueta y le explicó que Anahita Menéndez, su socia en la telenovela, había sido asesinada la noche anterior. Kate Beckett y su equipo ya investigaban el homicidio, así que Castle vio la oportunidad de meterse en ambas cosas al mismo tiempo. Descubrió que Anahita había pedido prestado el clutch y que no lo llevaba cuando la mataron en su departamento. Sofía le advirtió que el bolso valía medio millón y tenía que aparecer antes de las cinco de la tarde del día siguiente.
Javi no quitaba los ojos de Sofía cada vez que entraba; el tipo era fan de las telenovelas y se le hacía agua la boca con solo verla. Beckett llegó a la oficina de Rick, se sentaron frente al escritorio con el ventilador dando vueltas despacio y hablaron del caso. Ella mencionó el asesinato, él habló del clutch robado. Kate se levantó juguetona, se alisó los pantalones negros que le marcaban las piernas y soltó con tono inocente: “¿Qué tal si damos por terminado el día y nos vamos a casa?”. Castle le sirvió un trago fuerte a los dos, la detuvo con una sonrisa de detective y contestó que se quedara un rato. Ella captó el juego, giró la cabeza y respondió que era su primera vez en una ciudad tan grande y peligrosa. Rick se puso frente a ella y le exigió que soltara lo que traía. Kate dio un paso, le bajó la bragueta de golpe y lo agarró con la mano tibia. Castle soltó un grito ahogado, dejó los vasos en el piso y la sentó sobre la credenza. Se quitaron la ropa a toda prisa; cuando le abrió la última botonadura de la camisa azul real, le quitó la blusa y la chaqueta de un tirón. Se quedó mirando sus pechos cubiertos por el sostén negro de encaje y murmuró que era hora de descubrirlos. Le quitó el sostén y se detuvo de nuevo: “¿Alguna vez te he dicho lo preciosos que son tus senos, Kate? Me encantan tus pezones oscuros y duros”. Ella le bajó la camisa a él y rio entre dientes mientras recordaba que también le gustaban los de Lanie y los de Gates. Rick cerró los labios alrededor de un pezón, lo chupó y pasó la lengua; Kate se estremeció por el calor húmedo de la boca de él. Le bajó los pantalones y las bragas satinadas rosa que ya traían una mancha grande en la entrepierna. La masturbó con la palma invertida, ansiosa por sentirlo dentro, hasta que la puerta del despacho se abrió.
Si vous lisez le espagnol, le site hispanophone publie le même style de contenu.
Sofía estaba parada en el umbral con una mano metida bajo su vestido verde oscuro, tocándose mientras los observaba. Kate carraspeó y avisó que tenían visita. Sofía se acercó sonriendo y pidió que no se detuvieran, que nunca había visto algo tan excitante. Kate se inclinó y susurró que apostaba a que los pezones de Sofía eran aún más oscuros que los suyos. Castle le agarró el cabello y la besó con fuerza. De pronto sintió dos manos en la verga: la de Kate y la de Sofía. Sofía se arrodilló, guió el miembro de Castle hasta la entrada mojada de Kate y lamió sus testículos mientras él entraba. Kate envolvió las piernas alrededor de su cintura. Sofía metió la lengua más profundo y pasó una mano por el muslo tembloroso de Kate. Dijo que quería verlos correrse y que después lamería y chuparía todo el semen de la vagina de la detective Beckett. Kate se corrió al instante, sus paredes se contrajeron y bañó el pene de Castle. Él no aguantó más; con los labios de Sofía succionando sus bolas soltó chorro tras chorro dentro de Kate. Cuando terminó, Sofía lo apartó y se lanzó sobre el sexo de Kate, chupando con avidez mientras Kate se retorcía en un segundo orgasmo. Castle le bajó el cierre al vestido de Sofía, le quitó el sostén y pellizcó sus pechos pequeños y firmes con pezones casi negros. Sofía soltó un grito ahogado. Kate se calmó un poco, se incorporó y la besó pasando el semen de boca en boca. Castle las observó, cada vez más duro. Kate rompió el beso y preguntó si Sofía quería probarlo. Sofía rio, se volvió hacia Castle y le agarró la verga: “Queda despedido, señor Castle. Ahora fóllame”.
Castle extendió una manta gruesa sobre el escritorio, apartó papeles y papeles. Kate se le adelantó y dijo que le iba a devolver el favor. Se subió sobre la cara de Sofía, abrió sus piernas delgadas y le lamió la raja apretada, chupó el clítoris y metió dos dedos. Sofía gimió contra el sexo de Kate. Castle se acercó y rozó los labios de Sofía con la punta; ella abrió la boca y lo recibió aunque apenas podía abarcarlo. Kate siguió chupando mientras Castle follaba suavemente su boca. Al final Castle se apartó. Colocó a Sofía al borde, le puso las piernas sobre sus hombros y empujó despacio. Sofía abrió mucho los ojos y pidió que fuera despacio porque era enorme. Él obedeció, se inclinó y chupó uno de sus pezones oscuros; Kate hizo lo mismo con el otro. Sofía los apretó contra su pecho. Castle siguió entrando centímetro a centímetro hasta que estuvo completamente dentro, luego empezó a moverse con más fuerza. La levantó en brazos; Sofía se aferró a él con brazos y piernas mientras Castle la follaba de pie. Kate se puso detrás y le mordisqueó el cuello. Sofía gritó y se corrió con fuerza, empapando a Castle. Él la sentó otra vez sobre el borde del escritorio y siguió dándole hasta que ella suplicó que se corriera dentro. Castle miró a Kate, quien sonrió y dijo “Dale, llénala”. Él soltó todo en Sofía. Kate se arrodilló después y le lamió la mezcla que chorreaba. Sofía y Kate volvieron a besarse, intercambiando el semen hasta que se lo tragaron todo. Sofía miró a Castle y preguntó si otra vez. Él negó con la cabeza, exhausto, y dijo que lo tenían seco. Sofía rio y se abrazó a Kate. Castle fue al baño. Cuando regresó, las dos ya casi estaban vestidas. Puso cara de decepción, pero Kate le recordó que ya lo habían exprimido. Sofía rio y dijo que lo volvía a contratar porque sería poco ético dejarlo así.
Castle salió a buscar el clutch. Siguió la pista hasta un auto abandonado, lo capturaron y lo llevaron a un edificio vacío. Ryan y Esposito lo liberaron. Después encontró el clutch tirado en unos arbustos frente al teatro de la ópera. Dentro había una memoria USB, la misma que buscaba Beckett. Sofía apareció de nuevo en su oficina y se quejó de lo grosero que era revisar el bolso de una dama. Castle levantó la vista y dijo que llegó muy rápido. Ella se acercó y exigió que le devolvieran su clutch. Él la miró fijamente y le preguntó si aunque fuera una imitación con diamantes falsos. Sofía negó, sacó una pistola y repitió que insistía. Castle levantó las manos y le dijo que no era su bolso, que ni siquiera era de Arthur Radcliffe, que era de Anahita y que ella quería la USB desde el principio. Sofía respondió que eso no era de su incumbencia. Él le tiró la USB detrás y cuando ella volteó le quitó el arma y la obligó a sentarse. La llevó a la comisaría. Javier la observó por el espejo y suspiró que era un desperdicio que fuera a la cárcel. Después del interrogatorio, Beckett la descartó como sospechosa del asesinato. El productor del programa había matado a Anahita para impedir que ella y Sofía dejaran la cadena y crearan su propia red. Con Sofía libre, recuperó la USB, depositó el dinero y pudo empezar su proyecto. Se acercó a Rick y le pidió disculpas por haberlo engañado y por haberle apuntado con un arma. Esposito se acercó, nervioso, y le pidió un autógrafo para su madre; al final confesó que era para él. Sofía sonrió y firmó sobre el clutch que seguía sobre el escritorio.