Resumen:
Carlos, un estudiante de la UNAM de diecinueve años, regresa al campus después de un verano lleno de encuentros. Durante el receso de invierno conoce a Antonio, un chico atractivo que vive en el mismo dormitorio. Entre ellos surge una relación estable que se mantiene a lo largo del semestre. Sin embargo, Carlos comienza a sentir que algo falta en su vida íntima. Antonio percibe esta inquietud y propone una solución inesperada para ambos.
Aquí está tu Historia: Me follé al estudiante en el dormitorio de la UNAM
Al volver a la UNAM para mi segundo año tuve que acostumbrarme a tener menos sexo del que ya me había hecho falta. Era un chico de diecinueve años bastante bueno así que no me costaba meterme en los pantalones de una chica o meter la verga de un tipo en mi boca en los baños de la facultad. Lo difícil era encontrar tiempo entre clases y chamba. Cuando el primer semestre estaba por terminar empecé a desear algo más que una noche de una sola vez. Me preguntaba cómo sería tener a alguien cerca alguien con quien despertarme todos los días en la misma cama. Esos pensamientos me acompañaron hasta el receso de invierno mientras manejaba mi carro por Insurgentes Sur.
Por primera vez desde que entré a la universidad me quedé en el campus para tomar un curso durante las vacaciones. La mayoría de los estudiantes se habían ido así que solo quedaban unos cuantos. Entre ellos había un chico muy lindo que vivía en el mismo dormitorio que yo. No sé cómo carajos no lo había notado antes pero estaba decidido a conocerlo durante el receso y ver qué pasaba.
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Encuentro en el campus
Era un explosivo latino de metro setenta y tantos un centímetro más bajo que yo aunque más grueso y musculoso. No estaba marcado del todo pero se notaba que entrenaba todo el cuerpo mientras yo solo me enfocaba en el culo y los abdominales. Su culo era tan bueno como el mío y sus ojos verdes me atravesaban cada vez que me miraba. Tenía el pelo corto y un bigotito recortado que empezaba a salirle. Llevaba un tatuaje de rosario que le subía desde la mano izquierda hasta el brazo y aretes de diamante en las orejas que brillaban bajo el sol de la mañana.
Una vez lo abordé al salir de clase. Su culo se veía delicioso dentro de los pantalones caquis y los músculos se le marcaban bajo la polo ajustada. Me dijo que se llamaba Antonio Gómez. Aunque era latino había crecido en un barrio blanco adinerado del noreste y eso explicaba lo arreglado de su ropa y su forma de hablar sin tantas groserías.
Durante el receso nos fuimos acercando. Hubo una conexión clara. Salimos en un par de citas serias y un par de semanas antes de que terminaran las vacaciones por fin cerramos el trato en su cuarto. Era un total bottom lo cual estaba bien caliente pero a mí me dejaba con ganas. Sin embargo su culo me hacía olvidar rápido lo mucho que me gustaba que me cogieran cada vez que le metía mis veinte centímetros de verga gruesa y morena entre esas dos nalgas enormes. Pasamos el resto del receso cogiendo en todas las posiciones posibles sudados y jadeando hasta el amanecer.
Cuando regresó el resto de los estudiantes y volvimos a clases seguimos juntos. Salíamos veíamos amigos y cogíamos cada vez que podíamos. Él sabía que yo era bisexual y él era completamente gay. Nos mantuvimos fieles. A pesar de que a veces me daban ganas de verga o de panocha me mantuve leal a su hermoso culo que me apretaba la verga cada noche.
Ya cerca del final del año escolar le conté mis andanzas como chico de las piscinas el verano anterior. Se sorprendió al enterarse de cuánto sexo había tenido pero también se excitó sobre todo cuando le hablé de Luis y Eduardo. Al terminar el semestre Antonio me preguntó si podía pasar el verano conmigo. Me emocioné. Después de consultar con mis papás que saldrían de crucero un par de semanas después de que yo llegara quedamos en que sí estaría bien y armamos los planes para limpiar piscinas juntos.
Propuesta inesperada
Antonio se unió a mí a limpiar piscinas. Era muy popular casi todos los hombres le miraban el culo y las mujeres le miraban los brazos el pecho y los abdominales. Yo también seguía siendo popular muchas de mis clientas del año pasado querían repetir. Quería ser un buen novio así que me propuse no engañarlo aunque fuera fácil. Estaba decidido a serle fiel y solo pensar en su panocha apretada.
Como a un mes de iniciado el verano empecé a sentir una necesidad profunda de que me cogieran y Antonio se dio cuenta. Notó que Eduardo me seguía mandando mensajes y que yo los ignoraba. También vio que cada vez me interesaba menos el sexo que teníamos. Después de una cogida bastante floja en la que solo cumplí mientras me limpiaba la verga con la lengua levantó la vista y me miró con esos ojos verdes llenos de preguntas.
—¿Todo bien bebé? —preguntó. Sus ojos de cachorro me llenaron de culpa mientras su lengua seguía lamiendo la punta de mi verga.
—¿No estuvo bueno para ti?
—No —empecé acariciándole la mejilla mientras él volvía a lamer mi verga con ganas—. Estuvo increíble. Tú eres increíble. Es solo que…
—No es suficiente —completó con la boca llena de mi polla.
Me sentí fatal pero tenía razón. Antonio solo podía darme la mitad de lo que necesitaba. No tenía ganas de cogerme. Lo intentamos una vez y no funcionó. Era un power bottom de verdad y yo extrañaba esa sensación de verga gruesa abriéndome el culo.
Se incorporó y se puso unos boxers ajustados que marcaban su paquete.
—Antonio… —lo llamé con la voz ronca.
Volteó. Su mirada no era de tristeza ni de decepción sino de reflexión profunda mientras se rascaba el bigote.
—Está bien Carlos —dijo calmándome. Volvió a la cama se sentó a horcajadas sobre mí y me dio un beso suave que sabía a mi propia leche—. Hace tiempo me dijiste que estabas bien siendo solo el activo en esta relación pero me di cuenta de que lo dijiste solo para hacerme feliz. Créeme sé mejor que nadie lo rico que se siente dejar que otro hombre te destroce el culo. Así eras tú conmigo. También sé que nunca me pedirías lo que estoy por sugerir.
Me besó otra vez con lengua y todo.
—¿Qué estás diciendo? —pregunté mirándolo a los ojos. Una sonrisa se formó en su cara mientras me apretaba las nalgas.
—Estoy diciendo que deberíamos buscar a alguien más… tener un trío.
No pude evitar sonreír con la verga poniéndose dura otra vez contra su culo.
—¿En serio?
—Sí —me tranquilizó inclinándose para otro beso largo—. Quiero que seas feliz. Y yo también me divierto viendo cómo te abren.
Sonrió y me mordió el labio mientras se alejaba un poco. Le di una palmada en el culo. Mi verga volvió a la vida contra él palpitando.
—Te amo carajo —dije por primera vez. Lo levanté lo volteé y lo puse en posición de misionero. Chilló y lo besé con fuerza metiéndole la lengua.
El resto de la noche le di como caja. Hubo una mezcla de cogidas sudorosas y feroces con momentos de amor profundo y sensual. Le llené el culo latino apretado hasta que por fin nos derrumbamos en la cama empapados de sudor y con semen por todos lados oliendo a sexo y a hombre.
—Yo también te amo —dijo mientras se dormía con un chorro constante de mi leche saliendo de su agujero usado y abierto.
Yo me quedé dormido después con la verga todavía dentro de él sonriendo y pensando en lo que vendría el verano.
Desde aquella noche loca con los hermanos Mendoza mi negocio de limpieza de piscinas me mantuvo bien ocupado en las colonias de la Ciudad de México. No pasaba un día sin que me cogiera a alguna MILF caliente en su casa de Polanco o dejara que su marido o su hijo me abrieran el culo en la alberca de Iztapalapa. Claro que no resistí volver con los Mendoza cuando me llamaban por teléfono. Luis solo usaba mis agujeros cuando la morra que planeaba cogerse se echaba para atrás pero Eduardo me follaba cada vez que podía. Ese verano me abrió el culo más que nadie hasta que empezó la escuela y después de un fin de semana bien caliente nos despedimos del verano con una última cogida en la alberca vacía.
Al volver a la UNAM para mi segundo año tuve que acostumbrarme a tener menos sexo del que ya me había hecho falta. Era un chico de diecinueve años bastante bueno así que no me costaba meterme en los pantalones de una chica o meter la verga de un tipo en mi boca en los baños de la facultad. Lo difícil era encontrar tiempo entre clases y chamba. Cuando el primer semestre estaba por terminar empecé a desear algo más que una noche de una sola vez. Me preguntaba cómo sería tener a alguien cerca alguien con quien despertarme todos los días en la misma cama. Esos pensamientos me acompañaron hasta el receso de invierno mientras manejaba mi carro por Insurgentes Sur.
Por primera vez desde que entré a la universidad me quedé en el campus para tomar un curso durante las vacaciones. La mayoría de los estudiantes se habían ido así que solo quedaban unos cuantos. Entre ellos había un chico muy lindo que vivía en el mismo dormitorio que yo. No sé cómo carajos no lo había notado antes pero estaba decidido a conocerlo durante el receso y ver qué pasaba.
Encuentro en el campus
Era un explosivo latino de metro setenta y tantos un centímetro más bajo que yo aunque más grueso y musculoso. No estaba marcado del todo pero se notaba que entrenaba todo el cuerpo mientras yo solo me enfocaba en el culo y los abdominales. Su culo era tan bueno como el mío y sus ojos verdes me atravesaban cada vez que me miraba. Tenía el pelo corto y un bigotito recortado que empezaba a salirle. Llevaba un tatuaje de rosario que le subía desde la mano izquierda hasta el brazo y aretes de diamante en las orejas que brillaban bajo el sol de la mañana.
Una vez lo abordé al salir de clase. Su culo se veía delicioso dentro de los pantalones caquis y los músculos se le marcaban bajo la polo ajustada. Me dijo que se llamaba Antonio Gómez. Aunque era latino había crecido en un barrio blanco adinerado del noreste y eso explicaba lo arreglado de su ropa y su forma de hablar sin tantas groserías.
Durante el receso nos fuimos acercando. Hubo una conexión clara. Salimos en un par de citas serias y un par de semanas antes de que terminaran las vacaciones por fin cerramos el trato en su cuarto. Era un total bottom lo cual estaba bien caliente pero a mí me dejaba con ganas. Pero su culo me hacía olvidar rápido lo mucho que me gustaba que me cogieran cada vez que le metía mis veinte centímetros de verga gruesa y morena entre esas dos nalgas enormes. Pasamos el resto del receso cogiendo en todas las posiciones posibles sudados y jadeando hasta el amanecer.
Cuando regresó el resto de los estudiantes y volvimos a clases seguimos juntos. Salíamos veíamos amigos y cogíamos cada vez que podíamos. Él sabía que yo era bisexual y él era completamente gay. Nos mantuvimos fieles. A pesar de que a veces me daban ganas de verga o de panocha me mantuve leal a su hermoso culo que me apretaba la verga cada noche.
Ya cerca del final del año escolar le conté mis andanzas como chico de las piscinas el verano anterior. Se sorprendió al enterarse de cuánto sexo había tenido pero también se excitó sobre todo cuando le hablé de Luis y Eduardo. Al terminar el semestre Antonio me preguntó si podía pasar el verano conmigo. Me emocioné. Después de consultar con mis papás que saldrían de crucero un par de semanas después de que yo llegara quedamos en que sí estaría bien y armamos los planes para limpiar piscinas juntos.
Propuesta inesperada
Antonio se unió a mí a limpiar piscinas. Era muy popular casi todos los hombres le miraban el culo y las mujeres le miraban los brazos el pecho y los abdominales. Yo también seguía siendo popular muchas de mis clientas del año pasado querían repetir. Quería ser un buen novio así que me propuse no engañarlo aunque fuera fácil. Estaba decidido a serle fiel y solo pensar en su panocha apretada.
Como a un mes de iniciado el verano empecé a sentir una necesidad profunda de que me cogieran y Antonio se dio cuenta. Notó que Eduardo me seguía mandando mensajes y que yo los ignoraba. También vio que cada vez me interesaba menos el sexo que teníamos. Después de una cogida bastante floja en la que solo cumplí mientras me limpiaba la verga con la lengua levantó la vista y me miró con esos ojos verdes llenos de preguntas.
—¿Todo bien bebé? —preguntó. Sus ojos de cachorro me llenaron de culpa mientras su lengua seguía lamiendo la punta de mi verga.
—¿No estuvo bueno para ti?
—No, empecé acariciándole la mejilla mientras él volvía a lamer mi verga con ganas—. Estuvo increíble. Tú eres increíble. Es solo que…
—No es suficiente, completó con la boca llena de mi polla.
Me sentí fatal pero tenía razón. Antonio solo podía darme la mitad de lo que necesitaba. No tenía ganas de cogerme. Lo intentamos una vez y no funcionó. Era un power bottom de verdad y yo extrañaba esa sensación de verga gruesa abriéndome el culo.
Se incorporó y se puso unos boxers ajustados que marcaban su paquete.
—Antonio… —lo llamé con la voz ronca.
Volteó. Su mirada no era de tristeza ni de decepción sino de reflexión profunda mientras se rascaba el bigote.
—Está bien Carlos, dijo calmándome. Volvió a la cama se sentó a horcajadas sobre mí y me dio un beso suave que sabía a mi propia leche—. Hace tiempo me dijiste que estabas bien siendo solo el activo en esta relación pero me di cuenta de que lo dijiste solo para hacerme feliz. Créeme sé mejor que nadie lo rico que se siente dejar que otro hombre te destroce el culo. Así eras tú conmigo. También sé que nunca me pedirías lo que estoy por sugerir.
Me besó otra vez con lengua y todo.
—¿Qué estás diciendo? —pregunté mirándolo a los ojos. Una sonrisa se formó en su cara mientras me apretaba las nalgas.
—Estoy diciendo que deberíamos buscar a alguien más… tener un trío.
No pude evitar sonreír con la verga poniéndose dura otra vez contra su culo.
—¿En serio?
—Sí —me tranquilizó inclinándose para otro beso largo—. Quiero que seas feliz. Y yo también me divierto viendo cómo te abren.
Sonrió y me mordió el labio mientras se alejaba un poco. Le di una palmada en el culo. Mi verga volvió a la vida contra él palpitando.
—Te amo carajo, dije por primera vez. Lo levanté lo volteé y lo puse en posición de misionero. Chilló y lo besé con fuerza metiéndole la lengua.
El resto de la noche le di como caja. Hubo una mezcla de cogidas sudorosas y feroces con momentos de amor profundo y sensual. Le llené el culo latino apretado hasta que por fin nos derrumbamos en la cama empapados de sudor y con semen por todos lados oliendo a sexo y a hombre.
—Yo también te amo, dijo mientras se dormía con un chorro constante de mi leche saliendo de su agujero usado y abierto.
Yo me quedé dormido después con la verga todavía dentro de él sonriendo y pensando en lo que vendría el verano.