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Fantasía erótica : Me volví goblin y me cogieron mientras jugaba

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Resumen:

Un jugador se contagia de una infección que lo transforma poco a poco en goblin. Mientras sigue con sus rutinas de videojuegos, descubre que su cuerpo cambia: la piel adquiere tono grisáceo, las orejas se vuelven puntiagudas y su figura se vuelve más pequeña y curvilínea. Decide transmitir en vivo sus partidas sin ropa y recibe donaciones de su comunidad. Con el tiempo, la transformación afecta también su voz y su libido, por lo que organiza encuentros con seguidores dispuestos a tener relaciones mientras él continúa jugando. Una asistente goblin lo ayuda a manejar las transmisiones y las citas, permitiéndole mantener su ritmo de juego y sus actividades íntimas al mismo tiempo.

Nunca supiste dónde ni cómo te contagiaste la infección de goblin. Ciertamente no habías tenido problemas para obedecer la cuarentena, porque básicamente hacías lo mismo de siempre: quedarte en casa todo el día a jugar. Aun así, los síntomas estaban ahí. Una ligera decoloración en la piel que empezaba como manchas grisáceas en los antebrazos y se extendía despacio hacia el pecho. Cierta puntiagudez en las orejas que te picaba por las noches y te obligaba a rascarte mientras veías la pantalla. Mayor sensibilidad, sobre todo en los pezones, que se hinchaban con el roce de la playera barata de algodón y te hacían jadear cuando los rozabas sin querer. La ropa ya no te quedaba igual, las mangas te quedaban largas y el pantalón se te caía de la cintura cada vez que te levantabas a por una chela del refrigerador. Estaba claro: te estabas convirtiendo en goblin.

Infectado o no, tenías otras cosas en qué pensar. Acababa de salir una nueva raid y planeabas pasártela entera con tu guild. En algún momento soltaste que te habías contagiado mientras tecleabas en el chat de voz. Hubo burlas de buen rollo y otras que no tanto, risas que resonaban en los auriculares mientras seguías farmeando. Entonces uno de tus compañeros preguntó cuánto querías para streamearte mientras cambiabas. Como si fuera broma, pediste una webcam y una cantidad alta en pesos. Después te reíste y lo dejaste pasar, pensando que solo era el típico wey del grupo que se pasaba de listo.

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La primera transmisión

Al día siguiente despertaste con una webcam de buena calidad y el dinero exacto que habías pedido depositado en tu cuenta de Telcel. La broma ya no era broma. O tal vez al principio sí lo había sido, pero ya no. Y si antes dudabas, decían que la vergüenza era lo primero que se perdía cuando te convertías en goblin. Pusiste la cámara sobre el escritorio viejo, abriste una cuenta en un sitio para adultos, mandaste el enlace a tu guild y te quitaste la ropa antes de empezar el stream. El aire de la habitación te rozó la piel que ya empezaba a ponerse gris y los pezones se endurecieron al instante, sensibles como nunca.

Lo que se veía era tú. Un tipo fuera de forma, blanco pálido salvo en las zonas que ya se tornaban gris enfermizo. Las orejas un poco más grandes, los pezones más gruesos, quizá un poco más bajo, pero seguías pareciéndote a ti. Te mostraste un rato y luego te pusiste a jugar, entre burlas y elogios de tu guild que llegaban en el chat. No les hiciste caso. Te habían pagado para verte jugar desnudo, así que jugabas desnudo, con la verga colgando mientras tecleabas y movías el mouse. Al final volviste a mostrarte, girando despacio para que vieran cómo el gris avanzaba por tus muslos, y cerraste el stream con las manos temblando de excitación contenida.

El cuerpo que cambiaba

Se volvió rutina. Cada mañana enseñabas lo que había cambiado durante la noche, jugabas todo el día y por la tarde volvías a mostrar los cambios frente a todos. No solo tu guild. El enlace se filtró y cada vez más gente entraba al stream. No te importaba, sobre todo porque seguían mandando donaciones que caían como lluvia de pesos. Vieron cómo el gris se extendía por todo tu cuerpo, cómo te hacías más pequeño centímetro a centímetro, cómo tu cuerpo desgarbado se volvía relleno y femenino, con senos grandes que rebotaban cuando te movías en la silla, nalgas gordas que se marcaban contra el asiento y una panza suave que se balanceaba al caminar. También oyeron cómo tu voz se volvía ronca y femenina, más grave y sexy, mientras gritabas órdenes al equipo durante las raids.

Nunca entendiste el atractivo. Había goblins de verdad por todas partes en las calles de la colonia, pero todo lo que hacías solo atraía más gente. Cuando hacías puntuaciones altas o runs rápidos, les encantaba y las donaciones subían. Cuando te exhibías girando frente a la cámara para mostrar las tetas que crecían día a día, aplaudían con mensajes de “qué chingonas chichis”. Cuando la libido te golpeó de verdad y te masturbabas el pequeño muñón que te quedaba en cámara, con los dedos resbalando por la piel húmeda, también les gustó y pidieron más. Y cuando los llamabas pervertidos por excitarse con eso, también les gustó y mandaron más dinero.

En general no estaba mal. Las donaciones eran buenas, ir desnudo todo el tiempo significaba menos ropa para lavar y volverte más pequeño te dio pantallas más grandes sin pagar nada. El único problema llegó cuando tu verga desapareció del todo y te creció una panocha: ya no te dejaba en paz. Estabas cachondo casi todo el tiempo, la nueva abertura entre las piernas palpitaba y se mojaba sola mientras jugabas. Los juguetes no bastaban y usar las manos te impedía jugar al mismo tiempo, así que tenías que parar el stream o arriesgarte a morir en la partida.

La solución llegó cuando un seguidor te mandó unas buenas fotos de su verga gruesa y venosa. En retrospectiva era obvio. Hiciste un anuncio: cualquiera con una verga grande que quisiera cogerte la panocha goblin podía apartar cita. Podían hacer lo que quisieran, siempre que limpiaran después y no interrumpieran el juego. Uno pensaría que tanto sexo estorbaría, pero volverse goblin te hizo excelente para hacer varias cosas a la vez, al menos cuando se trataba de jugar, coger y las dos cosas juntas. Era impresionante verte mantener el daño más alto mientras te cogían por detrás o ganar una pelea contra el mejor jugador del servidor con una lengua experta lamiéndote el clítoris hinchado.

Uno de tus momentos favoritos fue cuando lograste que el orgasmo coincidiera exactamente con el récord de speedrun de uno de tus juegos favoritos. El tipo te embestía fuerte desde atrás, metiendo su verga hasta el fondo de tu panocha empapada mientras tú gritabas “cógeme más fuerte, cabrón” y al mismo tiempo dabas el golpe final que rompía el récord. Tu cuerpo tembló entero, la corrida te inundó las piernas y el chat explotó de mensajes y donaciones. Tu popularidad siguió creciendo. La gente no se cansaba de la goblin gamer grosera y malhablada que combinaba sexo de alto nivel con juego de alto nivel, oliendo a sudor y semen mientras mantenías el foco en la pantalla.

Al final hasta contrataste una asistente. Una chica goblin, seguidora que tú misma habías contagiado. A ella no le gustaba estar frente a cámara como a ti, pero lo que hacía era excelente: montó varias cámaras que podía cambiar en el momento para siempre captar el mejor ángulo de tu culo rebotando o de la verga metiéndose en tu coño. Y se encargaba de las citas, los horarios y los eventos, y te mantenía surtida de juegos y de compañeros dispuestos y habilidosos que llegaban puntuales a cogerte mientras tú seguías farmeando. Y seguiría haciéndolo, esperabas, por mucho tiempo más, con tu cuerpo goblin siempre listo y la panocha chorreando entre partida y partida.

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