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Relato voyeur en estación espacial : Me tocó ver a mi compañera cogiendo en el vestidor de la estación

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Resumen:

Valeria descubre a Sofía y Diego en el vestidor de la estación espacial. Tras interrumpirlos, se aleja por los pasillos y se encuentra con Mateo, otro técnico de origen colonial. Juntos conversan sobre sus trayectorias, la vida en las colonias y la Tierra, mientras las estrellas pasan lentamente por las ventanas de la Astrea Research Station for Exploration.

Órale, ustedes dos. La gente usa este vestidor, gritó Valeria.

No era la que los pillaba cogiendo, pero sí la primera que los encontraba en el vestidor. Esperaba que no se hubieran dado cuenta de que se quedó parada cinco minutos enteros antes de abrir la boca. No fue a propósito, pero los pechos de Sofía rebotando y su panocha estirándose alrededor de la verga de Diego la hipnotizaron.

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—Relájate, Valeria… el mando no está en la estación hoy, a nadie le importa. Y es mixto, contestó Sofía entre gemidos apenas contenidos.

A mí sí me importa. Quiero bañarme y llegar al laboratorio sin verlos cogiendo.

—Entonces espera unos minutos hasta que me haga venir, o quédate a ver. Igual termino más rápido así —Sofía sonrió.

—Lo siento, Valeria, jadeó Diego mientras seguía metiéndosela.

Valeria dio media vuelta y salió como tormenta. La puerta automática se cerró detrás de ella apenas se abrió. Caminó por el pasillo hacia sus cuartos y se detuvo un momento frente a una ventana para mirar las estrellas que pasaban despacio.

Luces en el pasillo

—Bonito, ¿no? —Las palabras la sobresaltaron. Dio un pequeño salto y se volvió. Mateo estaba parado detrás de ella.

—Sí —respondió Valeria bajando la mirada, un poco avergonzada.

—Siempre me ha gustado el espacio. Desde que era niño en Dareen, dijo Mateo.

—No sabía que eras de colonia.

—Le decía a mi mamá que algún día estaría entre las estrellas. Y aquí estoy. ¿A qué te referías con “chico de colonia”?

Valeria soltó una risita.

—Perdón, no lo decía de forma despectiva. Es que me impresiona. Muchas colonias no tienen los mismos recursos que la Tierra y… debe haber sido difícil, nada más.

—¿Eres de la Tierra? —preguntó Mateo.

—Sí.

—¿Cómo es? Si no te molesta que pregunte. Solo he visto los pósters.

—Hay partes que parecen los pósters, pero son zonas aisladas de pasto y aire limpio para los ricos. El resto es básicamente un infierno donde la gente se mata por conseguir trabajo en alguna corporación.

—Entonces como una colonia más grande.

—Más o menos, suspiró Valeria—. No todo es malo. Si tienes suerte y una corporación te pone el ojo encima, puedes subir rápido.

—¿Eso te pasó a ti?

—Más o menos. Inventé un aparato para comprimir y guardar comida de forma eficiente en la prepa y, pum, me mandaron directo al escalón más bajo del equipo de investigación de una estación espacial.

—Al menos te sacó del planeta. No sé cómo lo veas tú, pero yo lo contaría como victoria.

—Tal vez. ¿Y tú? ¿Cómo terminaste en la Astrea?

—No tienes que ser formal conmigo, todo el mundo le dice la ARSA.

—Astrea Research Station for Exploration… un acrónimo bastante desafortunado, sonrió Valeria.

—Para responderte, era un chavo de la calle. Un “Diablo de Dareen”, según la milicia local. Armé una hoverbike con piezas del yonque y me volví un ladrón de primera. Ningún vehículo de la milicia me alcanzaba.

—¿No era tecnología de corporativos?

—Una vez que está en el yonque, a nadie le importa.

—Y esa proeza te hizo notar y ahora estás aquí.

—Más bien me cacharon y me dieron a elegir.

Valeria volvió a reír.

—Debió ser un día de madre cuando te dijeron que podías irte al espacio.

—Fue. Al final, ¿qué importa un exilio si consigues lo que quieres?

—Igual sería mejor si hubiera más gente… como tú.

—Para que te consuele, hace rato vi a otro chico de colonia entero.

—¿Diego cogiéndose a Sofía en el vestidor? Yo también me topé con eso. Tenemos el mismo tono de piel, pero yo estoy más guapo.

—Sí, pero tú no estás dispuesto a cogerte a Sofía, y eso es lo único que ella necesita, creo.

Los dos rieron. Se sentaron a ver las estrellas en silencio un rato hasta que Mateo se levantó y se estiró.

—Tengo que volver a la bahía de ingeniería, pero ya puedes entrar al vestidor.

—Sí, necesito llegar al laboratorio. Por cierto, ¿sabes por qué el mando está fuera de la estación hoy?

El reporte Fermi

—¿Quieres presentar una queja? —rió Mateo—. No sé mucho, pero algo pasó con un reporte Fermi. Mientras tanto, la imagen de Sofía montando a Diego con esas nalgas abiertas y esa verga gruesa abriéndole la panocha mojada no se me iba de la cabeza. Recordé cómo Sofía jadeaba pidiendo más fuerte, cómo Diego le metía los dedos en el culo mientras la cogía sin parar, y cómo el olor a sudor y sexo llenaba el vestidor. Me quedé parada cinco minutos viendo cómo ella se corría gritando su nombre, con la verga de Diego latiendo dentro de su coño hasta que le llenó el útero de leche caliente. Esa cogida intensa me dejó húmeda y con ganas de tocarme, pero seguí caminando. Ahora con Mateo al lado, platicando de colonias y estrellas, la tensión sexual del momento anterior seguía latiendo en mi cuerpo, recordándome que en esta estación la gente cogía donde podía y que yo también necesitaba una buena cogida pronto.

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