Resumen:
Durante un fin de semana en el lago, Carlos y Ana comparten el campamento con Diego y Valeria. Tras una noche de cercanía, al día siguiente los cuatro deciden caminar por las colinas cercanas. Durante la subida, las caricias entre ellos se vuelven más frecuentes y evidentes. Al regresar, mientras preparan la comida junto a la fogata, el ambiente se transforma y las parejas comienzan a explorar nuevas formas de intimidad. La tarde transcurre entre miradas, gestos y encuentros que cambian la dinámica del grupo.
Al día siguiente, cuando salió el sol por encima del lago, Carlos y Ana se despertaron dentro de la tienda. Recordaron la noche anterior con una mezcla de calor y sorpresa. Diego y Valeria seguían acostados desnudos sobre su saco de dormir, respirando tranquilo. Disfrutaron la vista matutina de sus amigos mientras se movían despacio y abrían los ojos. Ellos les sonrieron con una mirada satisfecha al levantarse para vestirse. Ver esos cuerpos firmes y marcados les recordó la cogida fantástica que habían pasado juntos. Todos se pusieron la ropa sin prisa y salieron a preparar café y desayuno sobre la estufa portátil. Más allá de algunas sonrisas y miradas tímidas, nadie mencionó lo de la noche anterior mientras el aroma del café llenaba el aire fresco.
No fue hasta que estaban sentados en la mesa improvisada desayunando que Carlos se dio cuenta de a dónde podría llevar ese día. Sintió algo empujando su entrepierna y miró al otro lado de la mesa. Encontró los ojos de Valeria brillando con picardía. Puso la mano en su regazo y frotó el pie descalzo de ella contra su verga que ya empezaba a endurecerse bajo los shorts.
Notre site partenaire notre portail EN propose des histoires similaires en anglais.
Después del desayuno decidieron ir a caminar por las colinas. Diego se puso una camiseta ajustada que marcaba su torso fuerte y un short corto. Valeria llevaba un top deportivo que le apretaba las chichis, una playera ligera y shorts de licra que le marcaban el culo redondo. Se veía muy bien, con las piernas firmes y la piel brillando. Ana usó shorts de ejercicio que le subían por las nalgas, un sostén deportivo y una playera ajustada que le dejaba ver el ombligo. Empacaron algo de comer y agua, y salieron del lago hacia las colinas. Diego y Valeria conocían la zona, así que los dejaron ir adelante y vieron sus nalgas firmes moviéndose frente a ellos. El camino empezó fácil entre pinos y tierra suave, pero luego se puso empinado y pedregoso.
Manos que rozan en la subida
Cuando llegaron a un tramo que había que escalar, Diego esperó a que alcanzaran para ayudar a Ana. Le tomó la mano para pasarla y luego le apoyó una mano en las nalgas para impulsarla hacia arriba. Valeria miró a Carlos como preguntando si también le daba la mano. Él subió a su lado con la mano en su trasero para guiarla, sintiendo el calor de su piel bajo la tela. Ana volteó a verlo con gusto y una sonrisa traviesa. Pasó casi toda la caminata con Valeria y Ana con Diego. Se fueron conociendo mejor, contándose chistes y tocando temas de chamba y familia. Dejaron que sus manos se tocaran sin más, rozándose el cuerpo en cada paso, pero nada más por el momento. Valeria y Carlos iban atrás de Diego y Ana. Los veían cada vez más cercanos. Ella le rodeaba los hombros para que la levantara sobre las rocas y troncos caídos. Al cargarla, él le agarraba las nalgas y el interior de los muslos con una mano, y con la otra le tocaba el seno por encima de la playera. Se acercaba mucho a su panocha y a Carlos le excitaba verlos, sintiendo cómo su verga se ponía dura contra el short mientras caminaba.
Regresaron de la caminata a tiempo para asar salchichas para comer. Pusieron las sillas para que los cuatro estuvieran del mismo lado de la fogata, mirando hacia el lago. Carlos iba junto a Ana y Valeria al otro lado de ella, junto a Diego. Mientras comían las salchichas con tortillas y salsa, pasó el brazo por los hombros de Ana y pudo rozar el hombro de Valeria con los dedos. Valeria acercó más el brazo y dejó la mano sobre el muslo de Ana. Para sorpresa de Carlos, Ana tomó la mano de Valeria y la subió por su pierna hacia su panocha. Luego, de golpe, Valeria tomó la otra mano, acercó la cara de Ana y la besó con lengua. Era la primera vez que Ana besaba a otra mujer, y no fue un beso cualquiera. Fue tan intenso como los que ella y Carlos se daban en la cama. Mientras se besaban, vio que Valeria metía la mano bajo los shorts de Ana y le tocaba la panocha mojada. No sabía bien qué hacer, pero se le puso muy dura la verga al verlas. Imagina que a Diego le pasó lo mismo, porque también las observaba sin apartar la mirada.
Fogata y cuerpos desnudos
Carlos metió la mano bajo la playera de Ana y le agarró los senos. Con la otra mano le desabroché el sostén. Ella le ayudó a quitárselo y se sacó también la playera. Mientras Valeria la besaba y tenía una mano dentro de sus shorts, se movió y empezó a chupar y apretar sus senos, lamiendo los pezones que ya estaban duros. Vio que Diego se levantaba y se quitaba la ropa. Tenía un cuerpo impresionante y la verga enorme y gruesa. Siguió viéndolas mientras se tocaba despacio, jalándose la verga con la mano. Valeria se bajó de la silla y se arrodilló frente a Ana. Le pidió que se levantara un poco para quitarle los shorts y la ropa interior. Mientras Carlos chupaba los pezones de Ana, pudo ver la cara de Valeria enterrada entre sus piernas depiladas, lamiendo su panocha con ganas. Ana tenía la cabeza echada hacia atrás y se apretaba los senos, pellizcándose los pezones con los dedos. Carlos se levantó, se puso detrás de Valeria, le bajó los pants y vio su trasero redondo. Pasó la mano entre sus piernas y le frotó la panocha empapada. Metió unos dedos y los movió entre su vagina y el ano. Era la primera vez que hacía gemir a otra mujer desde que se casó. Le quitó la playera y el sostén por la cabeza y recorrió su cuerpo con las manos mientras ella comía a Ana. Se agachó y le chupó cada seno con cuidado, mordisqueando los pezones. Levantó la vista y vio a Diego de pie, con Ana llamándolo con la mano. Ella le puso las manos en los hombros anchos y lo bajó de rodillas. Lo besó con fuerza, metiéndole la lengua. Luego lo guió despacio hacia arriba, lamiéndolo y besándolo, se detuvo en su pecho rasurado y le chupó y mordisqueó los pezones. Cuando Diego siguió subiendo, su verga llegó a la cara de Ana. Ella le agarró las nalgas para acercarlo y se la metió en la boca con ganas, chupando la cabeza y saboreando el líquido que salía antes. Diego le rodeó la cabeza con las manos y la apretó contra él mientras le metía la verga hasta el fondo de la garganta. Siguió empujando y le acarició los senos, apretándolos y masajeándolos con fuerza.
Carlos se bajó el short, se arrodilló, levantó las nalgas de Valeria y frotó su verga húmeda alrededor de su ano, metiéndola apenas la cabeza. La sacó y volvió a meterla un par de veces, luego la bajó hasta su panocha mojada. Mientras Valeria comía a Ana, ella misma se tocaba el clítoris y Carlos la cogía fuerte, embistiéndole las nalgas. Los cuatro gemían sin parar. Diego con la verga en la boca de Ana, Ana mientras Valeria la lamía, y Valeria mientras se tocaba y Carlos la cogía fuerte. ¡Qué campamento, carajo! Diego fue el primero en correrse. Ana lo sacó de la boca justo a tiempo para que le echara todo el semen sobre el pecho y los senos. Luego le ordeñó la verga para sacarle hasta la última gota de leche. Carlos se corrió apenas vio el semen de Diego bajando por el pecho de Ana. Llenó la panocha de Valeria y eso bastó para que ella también llegara al orgasmo, temblando y gritando. Ana ya no aguantó más con tres orgasmos alrededor de ella y se corrió fuerte, inundando la cara de Valeria. Qué campamento. Estaban ansiosos por ver qué traería el tercer día, pero por ahora solo querían seguir allí, pegados y sudados junto al lago.