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Relato erótico : Me volví a coger a mi vecina después de 25 años

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Resumen:

Después de veinticinco años sin contacto, un hombre recibe una solicitud de su antigua Sofía en redes sociales. Ambos mantenían relaciones estables cuando vivían uno al lado del otro en la colonia Roma y ahora, a los cincuenta años, reanudan la conversación por teléfono. Él la invita a pasar una tarde junto a su alberca; ella acepta y llega con un bikini. La tensión acumulada desde la juventud los lleva a pasar la noche juntos y, tras ese encuentro, deciden no separarse más. Seis meses después, él le propone matrimonio y ella acepta.

Veinticinco años sin saber de Sofía y de pronto llegó su solicitud en las redes. Vivía al lado con su novio mientras Brenda y yo éramos pareja. Los cuatro salíamos seguido a tomar chelas en la colonia Roma. Siempre quise meterme en esos jeans que marcaban su culo redondo y firme. El deseo me carcomía cada vez que la veía pasar.

Hace seis meses llegó la solicitud sin aviso. La acepté y ella escribió al instante. Charlamos más de una hora mientras revisaba sus fotos. Seguía guapa a los cincuenta. Su cuerpo se veía más sexy que nunca. La deseaba más que cuando éramos jóvenes y salíamos todos juntos.

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Al final le pregunté si podía llamarla. Me dio su número y dijo que le encantaría oír mi voz. Sofía siempre tuvo una voz que me ponía duro solo de escucharla. Cuando contestó el teléfono sentí que mi verga se endurecía al instante. Hablamos dos horas hasta que ella colgó por una cita y prometió llamar después. Me masturbé apenas cortamos. Hacía años que no me ponía así de caliente por nadie.

La invitación junto a la alberca

Esa misma noche ya había cenado y tomaba una cerveza junto a la alberca cuando sonó el teléfono. Era ella otra vez. Mi verga se puso dura solo con ver su nombre en la pantalla. Hablamos dos horas más. Dijo que le encantaría verme y yo le contesté lo mismo. Recordé que antes le gustaba broncearse y le pregunté si seguía haciéndolo. Me dijo que sí. Le conté que tenía alberca y le propuse que viniera el sábado a pasar la tarde, tomar el sol y asar unos bisteces. Aceptó sin dudar. Le di la dirección y quedamos en que llegaría como a las once.

No pude evitar imaginar qué traería puesto. ¿Bikini como antes o traje de una pieza? Sabía que solo verla me iba a poner duro de inmediato. Pasé el viernes comprando bisteces buenos en la carnicería, papas, ensalada y bastante cerveza fría. Esa noche no dejé de pensar en ella. Me imaginé con el traje de baño y quise pajearme pero me contuve. Quería guardarme todo por si algo pasaba entre nosotros.

El sábado me levanté temprano, tomé dos cafés y me metí a bañar. Mientras me enjuagaba me rasuré la cara y también el pubis como hago desde los treinta. Me gusta cómo se siente y varias morras me han dicho que les gusta chupármela porque lo tengo suave. Esperaba que a Sofía le gustara igual. Me puse un short de baño, metí la cerveza en la hielera y la llevé junto a la alberca.

A las once en punto sonó el timbre. Al abrir la puerta la vi igual de hermosa que la última vez, quizá más. Me abrazó y al sentir su cuerpo pegado al mío ya empecé a endurecerme. Dijo que era bueno volver a verme. Yo le contesté que ella estaba más guapa que hace veinticinco años. Traía una bolsa y preguntó dónde podía cambiarse. La llevé a mi recámara y le dije que se sintiera como en su casa.

Cuando salió casi se me cae la mandíbula. Llevaba el bikini más sexy que había visto en mucho tiempo. La parte de arriba apenas cubría sus tetas pero se le marcaban los pezones duros. La parte de abajo estaba casi plana porque se rasuraba por completo. Cuando pasó a mi lado vi que era tanga y se le veía casi todo el culo redondo y perfecto. Pasamos varias horas junto a la alberca tomando cerveza y platicando. Cada vez que salía del agua se le marcaban los pezones. Me costaba trabajo esconder la verga que se me ponía dura cada dos minutos.

Más tarde le dije que iba a bañarme antes de encender la parrilla. Preguntó si podía hacer algo. Quise decirle que se metiera a bañar conmigo pero solo le contesté que se quedara afuera viéndose hermosa. Metí las papas al horno y me fui a la recámara. Mientras me bañaba me dieron ganas de masturbarme otra vez pero no lo hice. Tuve la sensación rara de que alguien me observaba aunque pensé que era mi imaginación.

El primer encuentro sin ropa

Cuando salí Sofía estaba en la alberca. Le ofrecí que usara mi baño para refrescarse. Salió del agua y caminó hacia la casa moviendo ese culo que se le veía perfecto. Regresó con una falda corta y una playera sin sostén. Se le marcaban los pezones otra vez. Me dieron ganas de quitársela y chupárselos con ganas. Mientras asábamos me dijo que quería preguntarme algo. Le dije que lo que fuera. Dio un trago a su cerveza y soltó si de verdad seguía pensando que estaba guapa.

Le contesté que me parecía todavía más hermosa que antes y que seguía siendo una mujer muy sexy. Se acercó un poco más y dijo que Brenda había sido tonta al dejarme ir. Cuando los bisteces estuvieron listos entramos a comer. Ella insistió en lavar los trastes y me mandó a la alberca con una cerveza. Ya estaba oscureciendo. Encendí las luces de la alberca y de las palmas. Cuando salió se agachó por otra cerveza en la hielera. La falda se le subió y vi que no traía nada debajo. Tenía el culo perfecto a la vista.

Después preguntó si queríamos darnos un chapuzón. Le dije que iba por mi short y ella me detuvo diciendo que podíamos nadar sin ropa. Hace años que no lo hacía. Le contesté que quizá no podría controlarme si la veía desnuda. Preguntó qué quería decir. Le expliqué que verla todo el día con ese bikini ya me tenía loco de ganas y que si la veía sin nada no iba a poder quitarle las manos de encima. Ella sonrió y dijo que tal vez no quería que me las quitara.

Se quitó la playera. Tenía los pezones rosados y duros. Me puse duro al instante. Empujó la falda hacia abajo y confirmó lo que ya sospechaba: tenía la panocha completamente rasurada. Empezó a tocarse las tetas y dijo que le había gustado cómo la había visto todo el día. Me quitó la camisa y los shorts. Como no traía boxers mi verga dura saltó libre. Ella se lamió los labios y dijo que siempre había imaginado que la tendría buena pero no que me la rasurara. Le gustó. Se acercó me besó con ganas y me agarró del culo para pegarme más a ella.

Después de otro beso largo dijo que ya habíamos esperado bastante y que mejor nos fuéramos a la recámara. La tomé de la mano y la llevé. Nos besamos junto a la cama. Ella me empujó sobre el colchón y me preguntó si quería que me la chupara hasta correrme en su boca. Le contesté que llevaba años queriendo oír eso y que después yo quería comérsela hasta que se corriera. Se subió a la cama me besó y empezó a masturbarme despacio. Cuando bajó la boca y pasó la lengua por la cabeza de mi verga no pude evitar gemir. Me acomodé para verla. Corrió la lengua hasta mis huevos los lamió y después se los metió en la boca. Le dije que me estaba volviendo loco. Ella sonrió y dijo que no quería desperdiciar la primera carga así que me metió toda la verga en la boca de un solo movimiento. Empezó a subir y bajar mientras gemía. Sentí que me iba a correr. Le agarré el pelo la hundí hasta el fondo y le avisé que me estaba viniendo. Me corrí a chorros en su garganta y ella se lo tragó todo.

Siguió chupándome hasta que dejé de correr. Luego se incorporó y dijo que nunca había sentido a un hombre correrse así. La subí la besé y la volteé boca arriba. Le dije que no podía creer que estuviera pasando. Ella contestó que ya no tenía que fantasear que era suya para lo que quisiera. La besé otra vez y bajé a chuparle los pezones. Gimió que le gustaba mucho y que quería sentir mi lengua en su panocha. Bajé entre sus piernas. Olía excitada. Pasé la lengua por sus labios suaves y le dije que tenía la panocha más dulce que había probado. Ella me agarró del pelo y empezó a restregarse contra mi boca. Dijo que ya se iba a correr. Un segundo después tembló toda y gritó que se estaba viniendo. Me tomé todo su jugo.

No me detuve. Cuando intentó apartarme la sostuve y le dije que quería que se corriera otra vez. Esta vez chupé su clítoris hinchado mientras le metía dos dedos. Empezó a moverse más fuerte. Gritó que otra vez y se corrió chorros en mi boca. Cuando bajó me subió y me besó. Dijo que nadie la había hecho correrse así y que quería sentirme adentro. Agarró mi verga se la pasó por los labios y me ayudó a entrar. Empecé a moverme despacio sacando casi todo y volviendo a meterla hasta el fondo. Ella gemía que le encantaba cómo se sentía y que ojalá lo hubiéramos hecho años antes.

Duré más que la pero su panocha estaba muy apretada. Le avisé que me iba a correr otra vez y pregunté si quería que me saliera. Envolvió sus piernas en mi cintura y me dijo que no que quería sentir mi leche adentro. Me corrí empujando fuerte y ella se corrió conmigo apretándome la verga. Después mientras recuperábamos el aliento le dije que había sido increíble. Ella se volteó me besó y contestó que para ella también había sido la primera vez que se corría así chorros. Empezó a acariciarme la verga otra vez y dijo que quería más. Dudé si podría por tercera vez pero ella siguió bombeando y se me volvió a parar. Bajó me la chupó hasta dejarla dura y se subió a horcajadas. Me guió dentro y empezó a moverse. Le apreté las tetas mientras ella se restregaba. Dijo que ya sentía otro orgasmo. Se corrió fuerte luego otra vez. Cuando le avisé que me iba a venir por tercera vez me pidió que le pellizcara los pezones. Me corrí adentro de ella y ella se corrió conmigo.

Se acurrucó en mis brazos y dijo que podría acostumbrarse a esto. Le contesté que yo también. Le dije que la amaba. Ella me besó y me dijo que también me amaba. Nos dormimos abrazados. A la mañana siguiente volvimos a hacer el amor antes de ir por café. Eso fue hace casi seis meses. Desde esa noche no hemos pasado ni una sola noche separados. Ayer le pedí que se casara conmigo y dijo que sí.

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